El faraón de la margen derecha

Fernando Hidalgo Urizar
Fernando Hidalgo A CORUÑA

DEPORTES

Este futbolista, culto y apasionado por lo egipcio, recuperó la sonrisa ante el Villarreal, viendo la salida del túnel en el que le habían sumido una lesión y un bache de juego

09 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

El padre de Víctor Sánchez del Amo, cuando su hijo estaba en el Real Madrid, negoció con el presidente del Deportivo el traspaso del futbolista a la entidad blanquiazul. Padre y dirigente se reunieron una, dos, X veces. La cantidad en la que se fijaba el traspaso era de 600 millones de pesetas. No hubo acuerdo. En 1999, el Dépor pagó el doble por la contratación de este jugador, que pronto respondió a las expectativas. Fue uno de los hombres clave en la inolvidable temporada del título de Liga y también en las siguientes. Su rendimiento le llevó a la internacionalidad, algo que alcanzó hasta en cinco ocasiones, pero ante todo se convirtió en uno de los mejores hombres de banda del fútbol español. La actual es la cuarta temporada en las filas del Dépor, con el que acabará contrato en junio del 2005. No estaba siendo ésta una campaña de vino y rosas para el madrileño. Antes de la lesión, el deportivismo no pudo disfrutar de ese Víctor eléctrico, rápido, hábil y con una precisión impropia de un deporte que se practica con los pies. Bien es cierto que, incluso a medio gas, siempre fue capaz de regalar a sus compañeros unos cuantos goles. Ni siquiera en sus peores momentos perdió la costumbre de repartir asistencias, de levantar la cabeza, de otear el horizonte al mismo tiempo que mimaba la pelota con cualquiera de sus dos pies. Pero, ¿qué le sucedió? ¿Por qué razón Víctor Sánchez del Amo comenzó una cuesta abajo sorprendente que llegó a dar síntomas en la pasada campaña? Hasta tres razones se pueden esgrimir. Por un lado, la lesión de Manuel Pablo fue una buena patada para el 18 blanquiazul. Se entendía de maravilla con el canario. La velocidad de ambos y su verticalidad desbordaba a los contrarios y Víctor siempre encontraba huecos con mayor facilidad. Manuel Pablo era un chollo para Víctor y Víctor lo era para el lateral. Por otro, la lesión de Valerón hizo que el Deportivo perdiera creatividad y que Víctor se quedara sin alguien capaz de ver sus desmarques antes de que se produjeran. Y, por último, tal vez, el madrileño no haya progresado a consecuencia de la falta de competencia en un puesto en el que su calidad está por encima del resto. No lo ha pasado bien Víctor, sabedor de que la grada no entendía su situación y de que, entre otras cosas, también estaba siendo engullido por el mal que afectaba al equipo. A pesar de todo, siempre llevó con dignidad sus momentos menos buenos y con bastante más elegancia que alguno de sus compañeros. Sólo en una ocasión, fruto tal vez de un mal entendido, salió a la palestra para criticar la labor de su técnico. Eso sí, antes, Irureta le había puesto en el disparadero con unas declaraciones que cuestionaban su labor. Entre dos personas razonables, Jabo y Víctor, el entendimiento era inevitable. Y todo se arregló. Sólo otro conflicto a mayores se le conoce al madrileño. Fue su gran discusión con Djalminha, que ambos mantuvieron sobre el terreno de juego tras uno de esos arrebatos que de cuando en vez poseían al brasileño. La disputa continuó en el túnel de vestuarios. No llegó la sangre al río, pero los dos dejaron de practicar entre sí el arte de la conversación. El partido del sábado fue un bálsamo para este futbolista, que con cara de satisfacción declaraba que su estado de forma se debía a su sana costumbre de machacarse durante la recuperación. Su físico ha sido siempre una de sus armas. Por eso Víctor es un jugador de un gran nivel, porque a su caudal técnico aúna una buena forma física. Sólo su cabeza le traiciona a veces. Psicológicamente no es fuerte. Un rival pegajoso puede llegar a desquiciarle. Y también el árbitro, una figura que habitualmente no está en su círculo de amistades. Seguramente, tras el partido ante el Villarreal, Irureta se frota las manos. Valerón, entra poco a poco; Fran, ya parece enchufado y Víctor, también. Constituyen el 3 del 4-2- 3 -1 de los éxitos del Dépor. Todo comienza a tener mejor pinta para los blanquiazules. Y para este futbolista atípico dentro del planeta del balón. Víctor es, tal vez, uno de los jugadores del Deportivo con mayor bagaje cultural. Mientras al futbolista medio siempre se le ve con una revista en la mano, a Víctor le van más los libros, como a su amigo Amavisca. Ayer, seguramente, leyó las crónicas deportivas con un aire de desquite. Fue el mejor. Se encontró a sí mismo en su lugar favorito, en esa margen derecha del césped de Riazor, en la que un tipo como él, apasionado del mundo egipcio, debe ser el auténtico faraón.