La entidad colchonera intenta sobrevivir deportivamente a la sucesión de despropósitos de gestión firmados por Jesús Gil
17 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.El presidente más veterano de Primera División (seguido por el del Deportivo en la clasificación de longevos en los despachos de la Liga) podría verse obligado a dejar su cargo. Jesús Gil ha herido al Atlético de Madrid. Su Atlético. Y, ahora, la Justicia podría quitárselo y enviarle a la cárcel. Ahora, el patrimonio rojiblanco es una incógnita. Y eso, lo saben bien los dirigentes de Primera, es una sentencia de muerte para el club. La Audiencia Nacional opina lo mismo. Por eso condena al presidente atlético a tres años y seis meses de prisión por un delito de estafa y apropiación indebida tras hacerse con 236.056 acciones sin desembolsar su importe. La Audiencia apuntilla la sentencia con dos aclaraciones aplicables a muchos dirigentes del fútbol español. «No se puede afirmar que persiguiera lucrarse, pero debe apreciarse el propósito de gozar de las ventajas socioeconómicas que se derivan de ser dueño de un club de fútbol de la máxima División», explica. Además, añade que «el perjuicio para el club radica en que ha sido desprovisto de la pertenencia de su patrimonio: ni siquiera pueda conocer con precisión en qué consiste, por las maniobras de Jesús Gil». No es la primera vez que el equipo tiene que intentar compensar y olvidar en el campo los despropósitos de una oscura gestión, culminada en el descenso a Segunda. Fruto de ello, el club está intervenido judicialmente desde 1999. En septiembre del 2000 tenía una deuda de unos 180.303.631 euros. Hoy se ha reducido por efecto de la intervención y es incluso inferior que la sostenida por el Deportivo (unos 144 millones de euros). Pero meses antes, el administrador judicial, Luis Manuel Rubí, y Gil Marín desvelaron que el balance de la entidad reflejaba una quiebra técnica. Y eso, a pesar de que el Atlético gozaba de un importante patrimonio al que asirse, y que el juez autorizó la venta de dos parcelas «para hacer frente al desequilibrio de la tesorería». Similitudes La historia reciente del Atlético no difiere mucho de otros clubes de Primera con una deuda similar. El carácter combativo de Jesús Gil es sólo la guinda a una gestión que él mismo se encargó de oscurecer creando sociedades como Promociones Futbolísticas y negociando traspasos con empresas como la holandesa Van Doorn, que facilitaba operaciones en paraísos fiscales. Rubí también llegó a demostrar que Gil elaboró contratos ficticios de fichajes de jugadores, adulteró las cifras de los ingresos por taquilla, se apropió de los ingresos de los abonos de la temporada 1999-2000, cargó al club gastos personales y reconoció deudas falsas. Incluso Van Doorn llegó a denunciar el impago de 3.606.072 euros en la operación de traspaso de Bogdanovic a la entidad holandesa de intermediación. Pero Jesús Gil también gozó de sus golpes de fortuna en estos tiempos. En el mes de abril del año 2000 evitó una suspensión de pagos gracias al dinero ingresado por el traspaso de Prodan al Glasgow Rangers.