El pamplonica es el noveno club en el que juega este italiano nacido en Costa de Marfil que ayer debutó ante su afición y anotó el gol que tumbó al Real Madrid
16 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.Como diría Valdano, Manfredini es uno de esos jugadores que no le pone camiseta a sus sueños. Su currículo acredita su escasa fidelidad a los colores, sean los que sean. Tiene 27 años y en el último decenio ha recorrido nueve equipos. La última escala de este trotamundos del balón es El Sadar. «Me da lo mismo Pamplona que Roma. Yo soy del mundo», declaró al aterrizar en España. Llegó a inicios de mes al Osasuna procedente del Lazio italiano y ayer, en su primer partido como titular, fulminó con su zurda al Madrid galáctico. Sisostri Christian Manfredini (1 de mayo de 1975) nació en Costa de Marfil, pero creció en el país de la bota. A los cuatro años fue adoptado por una familia italiana residente en Battipaglia, una localidad cercana a Nápoles. Allí creció y allí sigue viviendo su padre adoptivo. De crío, soñaba con jugar en la Juve. Y lo consiguió. A los 13 años entró en la cantera de la Vechia Signora y, tras destacar en todas las categorías (jugó en la selección juvenil italiana), llegó a entrenar con la primera plantilla. Ocurrió en la temporada 93-94. Era la Juve de Peruzzi, Moeller, Baggio, Vialli, Del Piero y Ravanelli. Trapattoni no le dio bola y jamás llegó a debutar. Renuncia a la selección Tras foguearse en el equipo B de la Juve, Manfredini se marchó al Pistoiese, de la serie C (el equivalente a la Segunda División B española). Viterbese, Avezzano y Fermana fueron sus siguientes destinos en la categoría. En la serie B se estrenó con el Cosenza, del que pasó al Génova. En la temporada 2000-2001 lo fichó el Chievo Verona, su octavo equipo en ocho temporadas. Colaboró al ascenso con siete goles (su máximo registro anotador en una campaña) y llamó la atención del seleccionador de Costa de Marfil. Le ofreció jugar con su país natal. Dijo no. «Me siento italiano. Quiero vestir la azurri », se excusó. La pasada campaña fue uno de los pilares del modesto Chievo, que llegó a ser líder del Calcio y acabó quinto en la Liga. La Lazio reparó en este trotaequipos . Cerró su fichaje, pero al poco tiempo lo tuvo que devolver debido a sus problemas de liquidez. El culebrón se acabó resolviendo y pudo recalar en Roma, pero Mancini sólo lo alineó en tres partidos ligueros. Así que cuando el Osasuna se interesó por Manfredini, el técnico lazial dio vía libre. Está cedido al equipo pamplonica, que tiene una opción de compra por cuatro millones de euros, hasta el 30 de junio. Mediocampista zurdo dotado de un buen esprint, en una de las primeras entrevistas que concedió en Pamplona mostró al periodista una foto de su hijo, nacido el pasado año: «Mira mi niño, qué blanco es. Mi mujer, Mónica, es muy rubia». Afable y soñador, piensa que el milagro que vivió en Italia se puede repetir en España: «El secreto del Chievo era el entusiasmo, ayudarse y ser amigos. ¿Si lo hizo el Chievo, por qué no el Osasuna», pregunta.