De milagro en la Uvi

Alfonso Andrade Lago
Alfonso Andrade A CORUÑA

DEPORTES

Una reacción al final evita el descalabro ante el Mallorca en la Copa

05 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

El Mallorca de Pandiani oscureció Riazor, provocó un cortocircuito en el juego de los blanquiazules, y extendió una sombra muy negra sobre el futuro del campeón en la Copa. El Dépor llegó a tener hechas las maletas en Riazor, pero las deshizo a última hora gracias a una enrabietada reacción de todo el equipo y a los goles de Tristán y Makaay, su mejor valor. El Deportivo salió al campo con dos objetivos. El primero, aprovechar la movilidad de sus dos arietes para abastecerlos de juego. Luque encontró la pelota en las bandas, y Diego Tristán en el mediocampo, casi como un enlace. El segundo, impedir el funcionamiento de la medular del Mallorca, en un buen momento de forma. ¿Cómo? Saliendo a fijar las marcas muy arriba, con una buena colocación y dos líneas bastante presionantes que complicaron las maniobras de salida de los baleares. Mientras esta situación de achuche y movilidad se mantuvo, al Dépor le funcionaron las bandas, creó peligro y se vio un buen partido de los locales. El problema es que esto duró poco más de 20 minutos. A fuerza de convertirse en correturnos del Deportivo, de jugar apenas unos minutos, Luque ha ido perdiendo fuelle más allá de la media hora de juego, algo que es lógico sin la necesaria continuidad. A partir de ahí, el rival manejó el partido con más comodidad, se estiró y llegaron sus ocasiones. Irureta empezó a desgargantarse en el banquillo cuando comenzó la fase de embabiamiento en la zaga, con una cesión de Andrade que casi es gol. Media hora fue suficiente para descubrir los problemas de esa torre de Babel que era anoche el Deportivo; una amalgama de jirones de titularidad y retales de banquillo. Ese prisma fragmentado se resquebrajó de rebote, con el gol de Pandiani tras un desafortunado rechace en un defensa. Estarán contentos en el Deportivo con el préstamo del ariete al Mallorca. Mientras decenas de cedidos desfilaron por otros equipos con la prohibición de enfrentarse al conjunto coruñés, el club abrió la mano con Walter para que pudiese fusilar sin compadraje a sus compañeros cada vez que el equipo balear asomase el hocico por Riazor. A quien corresponda, un éxito. Es la segunda vez que Pandiani quema la cocina de su propia casa. Pero esta vez, con el agravante de una situación copera casi definitiva. Con elegancia, rehusó celebrarlo, como el segundo. Tres delanteros en la segunda parte para intentar acabar con la sequía. Que el Mallorca encontrase espacios para crear peligro a la contra, tenía lógica. Que el Deportivo no hallase el camino del gol, era preocupante. Pero la justicia del fútbol quiso dar vidilla al campeón que saca la cabeza de entre los muertos para entonar aquello de que mientras hay vida hay esperanza.