Dépor y Celta disputan hoy un clásico marcado por las ausencias de los mejores futbolistas y por la necesidad de proyectar una imagen de unidad ante la desgracia del Prestige.
03 ene 2003 . Actualizado a las 06:00 h.Galicia rodará como una pelota. Llega el derbi galaico, el fútbol con retranca, olor a carballo y a mar sin fuel. Esta tarde, a las nueve y media y retransmitido por la TVG, Dépor y Celta lucharán sobre el verde de Riazor por tres puntos necesarios y por un sentimiento imprescindible. Será una pelea de titanes, de dos grandes del fútbol español y de dos símbolos que compensan esa ilusión perdida por un pueblo castigado a partes iguales por la desgracia y la falta de diligencia. Será un clásico de ausencias: Valerón, Mostovoi y Fran; de recuerdos dantescos, la lesión de Manuel Pablo del pasado año; de estrenos, el de Lotina; de pasos en falso, los dichosos avales. Pero, ante todo, debería ser el derbi de la concordia, el que demuestre al mundo entero que la rivalidad no es incompatible con la sensatez y que no sólo los marineros tienen los arrestos suficientes para hacer algo por este pueblo. El Dépor parte con la intangible ventaja histórica de no haber perdido en casa ante su eterno rival desde la temporada 94/95. Fue aquel Celta de Carlos Aimar, y de Villanueva, Alejo, Mariano, Salinas, Gudelj, Gil.... Desde entonces, casi siempre venció el equipo coruñés. Y pocos resultados que no dejaran los tres puntos en casa consolarían a los de Irureta. La necesidad es más blanquiazul que celeste. Un tropiezo hoy sería veneno puro para la salud deportivista. Por su parte, el Celta llega con la tranquilidad de quien tiene más que ganar y con la moral que da sentirse el bueno de la película que se ha proyectado durante la semana. Por lo demás, el Dépor tendrá que solventar los problemas creativos que padece con las bajas de Valerón y Fran, lo que tal vez obligue a Jabo a recurrir al 4-4-2, con Sergio por la derecha. Y en el Celta, sin novedades, con Coira que salvará la representación gallega y con Edú como la gran esperanza, ejerciendo del Zar.