El Rayo mantiene a Vázquez pero se suma a la lista de clubes que le han retirado la confianza sin motivo aparente.
04 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.En el mundo del fútbol, los únicos que reciben patadas son los jugadores y Fernando Vázquez. El preparador revive otra semana de reveses después del partido desastroso de Montjuic. Noventa minutos han bastado para que la directiva del Rayo Vallecano le regatee ahora su total confianza. El de Castrofeito charló ayer durante el entrenamiento con el director general, Álvaro Ruiz Mateos. Éste debió de informarle de que el club le prorrogaba su apoyo. Quizá porque Lopetegui dijo no a la propuesta rayista para sustituir a Vázquez. La situación no es nueva para el gallego. Su carrera está plagada de incomprensiones por parte de quien le paga. Abandonó el Compostela en 1998. El presidente Caneda le exigía que el equipo debía dar la misma imagen fuera que en casa y culpaba a Vázquez de no exigir más a determinados jugadores. El entrenador dimitió. Recaló entonces en el Oviedo, con el que vivió una temporada tranquila. Cuando esperaba la propuesta de renovación, la directiva asturiana contrató a Luis Aragonés. «Me gustaría que las cosas fueran de otra manera», señaló entonces Fernando en su despedida oficial. De Oviedo viajó a Mallorca. Otra campaña sin sobresaltos, de convivencia pacífica en la mitad de la clasificación. El consejero delegado Mateo Alemany, después de una promesa verbal de continuidad en el banquillo, rompió el compromiso de forma unilateral. Y otra vez Luis Aragonés se cruzó en la vida de Vázquez. Entonces lo dijo: «No es la primera patada que me dan en el fútbol», quizá por demostrar que con esa patada pagaba por las no recibidas como el futbolista que nunca fue, algo que le han recriminado en su trayectoria en los banquillos de Primera. Si Vázquez quería un lugar estable, no pudo elegir peor. Aceptó la propuesta de Lopera para devolver al Betis a la máxima categoría. A mediados de marzo de esa campaña (2000-2001), el conjunto andaluz era tercero en la tabla. Pero una derrota en Sevilla ante el Tenerife bastó para cercenar la cabeza del gallego. Entre la destitución y el adiós definitivo, Fernando Vázquez se cruzó palabras con el director deportivo Hadzibegic. «No admito el cinismo cuando dice que se me apoya», apuntó el gallego. Y sigue sin admitirlo. Pero tragando.