De capitán a capataz granate

Martiño Suárez PONTEVEDRA

DEPORTES

El ayudante de José Aurelio Gay en el banquillo de Pasarón, retirado del fútbol activo este verano, confiesa que cada domingo siente nostalgia por pisar el césped

03 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

El segundo entrenador del Pontevedra, Pablo Vázquez, no llama a sus futbolistas ni «los chavales» ni «los jugadores» ni «la plantilla». Ni siquiera lles llama «ellos». Para el ayudante del técnico José Aurelio Gay, los granates son «los compañeros». No hace más que unos meses, antes de dejar el fútbol activo, Vázquez era capitán de su equipo de toda la vida. Lo traicionó una rodilla que ahora está «para echar alguna pachanga». Vázquez, de 31 años, llevaba desde los 15 jugando de lateral derecho en el Pontevedra, sin un solo paréntesis, cuando el médico del club, Juan José García Cota, le dijo que su rodilla izquierda, de la que ya lo habían operado, no podría aguantar mucho más. «Para lo que es la vida normal y para hacer algún ejercicio va bien», cuenta ahora, «pero en cuanto la fuerzo un poquito noto una inestabilidad que me hace frenar». El capitán granate, que estudia para entrenador de fútbol, colgó las botas este verano y se incorporó al cuerpo técnico, primero como ayudante de Milucho y después como segundo de Gay. El club le ofreció un partido de homenaje, pero a él la idea no le hace mucha gracia. El propio Cota, en la revista bimensual del club, define a Vázquez así: «Pablo era un jugador muy especial. Todos decían que entrenando era el número uno. No fue un superclase ni tenía unas impresionantes cualidades técnicas, pero era un auténtico profesional». «Esto es fastidiado. Te gustaría dejarlo cuando te apeteciera», cuenta, «y no por obligación y con una edad en la que podrías jugar algún año más. Pero la vida es así». Vázquez se consuela porque su ritmo vital no ha cambiado: «Eso es lo bueno. Es como si siguieras de jugador, haces la misma vida». Cambiar de rol en un vestuario sobre el que siempre tuvo ascendente no le ha supuesto un gran trauma, asegura: «Está claro que cada uno tiene su función y ahora la mía es diferente a la de los compañeros, pero el trato y la amistad siguen siendo iguales». Fines de semana duros Los domingos a Vázquez le cuesta aguantar sentado en el banquillo, o en la grada del estadio al que ha ido a espiar a un rival. «Los fines de samana llega lo más difícil», admite, «notas nostalgia... pero qué se le va a hacer». Ahora Pablo Vázquez se centra en aprender cómo diablos se arregla Gay para hacer jugar al Pontevedra como en los últimos tiempos, con rapidez, libertad y efectividad: «Estoy encantado, no sólo por el estilo de juego que practica, sino por los conocimientos que tiene. Mejor maestro es difícil tenerlo. Intento aprender al máximo». «Todo está saliendo fenomenal», dice Vázquez, que espera llegar esta primavera a su tercer play off . En las dos ocasiones anteriores, durante las campañas 1994-1995 y 2001-2002, el Pontevedra falló. El capitán reconvertido en capataz espera alcanzar la Segunda División en junio, esta vez como segundo de a bordo de un barco que vuela hacia la división de plata.