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La Voz M. F. | A CORUÑA

DEPORTES

Irureta suele buscar oxígeno en el banquillo en el minuto 60 La grada demanda más agilidad cuando hay que remontar

27 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

El banquillo. Esa fuente inagotable de alegrías y tristezas donde bebe el técnico. El último trago fue amargo para Javier Irureta. Sus decisiones ante la Juve desataron la tormenta en la grada, que siempre le pide más madera ofensiva. El entrenador deportivista siguió ante los italianos un ritual bien conocido por todos los seguidores: agotar los tres cambios y comenzar a realizarlos en la segunda parte del encuentro. Su máxima es que son catorce los jugadores que disputan un partido porque considera necesario repartir minutos. «El cansancio..», que diría el míster. Y así ha sucedido en los enfrentamientos oficiales del Dépor durante esta temporada. Excepto en uno de Copa, ante el Corralejo, donde sólo movió dos de sus fichas. Esas son las reglas generales y los resultados suelen acompañar, como siempre recuerda Irureta. Los críticos argumentan que otra norma no escrita es la de optar por el cambio más defensivo. Y algunos le añadirían el agravante de reaccionar demasiado tarde ante las adversidades del marcador. El ejemplo para apoyar estos argumentos , el Dépor-Milan del 0-4. El público se preguntaba dónde estaban Luque y Tristán, porque sólo veían a Inzaghi. También en campo del Lens se le achacó lentitud de reflejos al técnico blanquiazul, pero sí acertó en los cambios que realizó en casa ante el cuadro francés. Entraron Sergio y Capdevila y, de paso, Fran quedó liberado. El catalán, convertido en revulsivo cotidiano desde la suplencia, firmó el 2-1. Otros recambios habituales, como Acuña o de Duscher, acostumbran a ser recibidos con silbidos, pero no dirigidos al jugador. El entrenador busca oxígeno cuando otros prefieren inspiración aunque procede de alguien exhausto. ¿Lo consigue? Lo logró al introducir al argentino en el Sánchez Pizjuán. Pero la apuesta falló ante el Santander. El equipo ha perdido a dos creativos como Valerón y Djalma para los que no hay sustitutos equiparables y el Dépor acaba acumulando pivotes, cuando el aficionado prefiere superávit de atacantes. Pero algunas decisiones de Irureta, cuestionadas a priori, han resultado determinantes en la victoria de su conjunto. En San Siro fue disminuyendo su arsenal ofensivo y el choque acabó en victoria. Riazor le habría pitado por los cambios de ese encuentro. Después habría aplaudido los goles. El cambio... en el marcador. Alavés-Dépor (1-2), los recambios goleadores En Mendizorroza, la remontada nació del banquillo. Tristán entró en el terreno en el minuto 58 por Sergio y marcó en el 69. Capdevila sustituyó a Fran un poco más tarde para firmar el 1-2 justo cuando el cronómetro marcaba el minuto noventa. Además, Irureta también había acertado dando entrada a Luque por Makaay. Jabo rectificó y ganó la partida con un 4-4-2. Dépor-Santander (0-2), con Manuel Pablo en el 89 Ante el conjunto cántabro el técnico vasco realizó uno de los cambios más extraños en lo que va de temporada. Se fue Víctor y entró Manuel Pablo en el minuto 89. Irureta justificó este movimiento recordando que todo estaba decidido y que el lateral necesitaba minutos. Pero Riazor no lo entendió. Tampoco comprendió que Duscher sustituyera a Sergio. Dépor-Real Madrid (0-0), el respeto mutuo Al público coruñés no le sentó bien la entrada de Duscher en el tiempo de descuento y antes la grada ya había protestado porque Acuña había sustituido a Fran. Irureta prefirió la resistencia física. Pero el Madrid también expresó su respeto al rival mediante el banquillo. Vicente del Bosque decidió cambiar a Solari por Guti en el minuto 90. Milan-Dépor (1-2), restar delanteros para vencer La primera noticia llegó con un once inicial en el que convivían Makaay, Luque y Tristán. La segunda se produjo cuando comenzó a fraguarse la remontada del Dépor. Justo cuando Irureta extrajo del campo a uno de sus puntas: Luque. Su sustituto fue Amavisca, el autor del pase del 1-2. Acuña, que entró por Fran en el 64, aprovecharía después un fallo de Maldini que casi propicia un tercer gol.