El Celta cayó ante el Numancia por uno a cero y por segundo año consecutivo se queda fuera de la Copa ante un conjunto de Segunda División.
08 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Noviembre, Soria, año 2002, la historia se repite. Al menos ese era el comienzo de la historia para cualquier celtista que se sentase a cenar y esperar que su equipo dejase un lado sus costumbres más odiosas. Ni un cuarto de hora de fútbol y los celestes ya caían. El Numancia salió con la ilusión del que busca reinar por un día. Mucha presión, ganas y un rumano, Rosu, que la toca bien vampirizó a Pinto con un espléndido mordisco. Aprovechó un error defensivo para acomodarse el balón y marcar desde fuera del área. La sangre céltica quedó helada y Los Pajaritos más que un estadio de fútbol podía convertirse en la pesadilla que filmó Hitchcock. La iniciativa y la intención se puso del lado vigués más por una cuestión de obligaciones del poderoso, que de calidad. Pero el rival se esmeró en desempeñar sus funciones con diligencia: orden atrás, líneas muy juntas y absoluta concentración en todo lo que pasaba. Estas premisas le bastaron al cuadro soriano para avanzar en la Copa y eliminar al Celta.