El equipo, antes de la gran remontada, rozó sobre el césped la indigencia técnica
28 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Vitoria nos ha ofrecido las dos caras del fútbol blanquiazul. Una, la realidad de un equipo con algunos desajustes peligrosísimos. Y otra, la de una plantilla con jugazdores desequilibrantes capaces de resolver por sí mismos las situaciones más complicadas. Ocho y veintinueve minutos de la tarde. Luque, Tristán y Capdevila charlan amistosamente en el banquillo deportivista. No son titulares. Y ni siquiera imaginan el protagonismo que tendrán a lo largo del partido. Los tres salieron en la segunda mitad, dos de ellos metieron un gol y otro participó de forma decisiva en la jugada del segundo y definitivo tanto. Pero la dulzura del triunfo no debe hacernos olvidar lo amargo del juego durante una hora de encuentro. Javier Irureta insistió de nuevo con Sergio en el puesto de mediapunta. Un experimento que parece más apropiado para los encuentros lejos de Riazor que para los de A Coruña. Pero como ante el Milan, no funcionó. El Deportivo ha padecido en los últimos tiempos un cúmulo de desgracias que han cambiado por completo su potencial. Echen un vistazo al equipo que ayer rozaba ayer la indigencia técnica en Mendizorroza. Con César y Naybet en el centro de la defensa, las opciones de salir jugando el balón parecían escasas. La banda derecha juntó a dos futbolistas que en pocas ocasiones han sido pareja de baile. Héctor y Scaloni, es decir, pelea y pundonor, pero nula precisión. Con Sergio en la mediapunta, se careció de una conexión con Makaay. Mauro y Duscher, los pivotes, muestran unas buenas cualidades para el pase corto, como eslabones de una cadena de juego, pero no como actores principales que lo repartan. Y queda la banda zurda, con Romero y Fran. El de Carreira se quedó sobre el césped como una rara avis dentro del equipo deportivista y como presa fácil de los vitorianos que sólo tenían que preocuparse de él. No hay que engañarse, el equipo que Irureta puso en liza ante el Alavés tiene sus virtudes, pero en ningún caso se asemeja a un equipo con calidad técnica suficiente como para competir en la élite con garantías de éxito. El técnico blanquiazul seguirá meditando como suplir la ausencia de Valerón, pero la respuesta de su equipo ayer ante el Alavés, las actuaciones individuales de Luque y Tristán, y el desastre de la primera hora de juego, podrían propiciar cambios en su forma de plantear los próximos encuentros. El Dépor ganó y se llevó tres puntos de oro, pero sigue dejando sombras en el camino. No se muestra fuerte y sólido en defensa y añora demasiado a Valerón en ataque.