Huelga de bates caídos

Óscar Piñeiro LOS ÁNGELES

DEPORTES

ENRIQUE MARCARIAN | REUTERS

El béisbol, antaño uno de los deportes de mayor seguimiento en Norteamérica, vive en la actualidad momentos de languidez que afectan a todos los estamentos

08 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Irak no ha sido la única cuestión de Estado para el Presidente Bush durante las últimas semanas. Tampoco lo ha sido, ni mucho menos, para un importante sector de la población americana. El béisbol, herido y con síntomas de declive, es lo que en verdad ha acaparado la atención pública recientemente. El pasado lunes, Día del Trabajo en Estados Unidos, muchos aficionados celebraron que los jugadores acudieran a sus labores tras cancelar el anterior viernes una impopular convocatoria de huelga indefinida. Míster Bush, antiguo propietario del equipo de béisbol Texas Rangers (con cuya venta obtuvo cuantiosos beneficios), se había encolerizado en su día ante el anuncio de huelga de bates caídos. Ciertamente, el béisbol, considerado el pasatiempo genuinamente americano, preocupa a quienes lo ven como parte del patrimonio nacional. El paro de las Ligas mayores, desconvocado con suspense, habría causado daños terribles a un deporte que apunta a cierta decadencia. Las finales del año pasado, unas de las más emocionantes, situaron delante del televisor a 15 millones de espectadores menos que en 1980. Similar tendencia se refleja en las gradas de los estadios. Según las encuestas (que aquí constituyen auténticas sentencias sobre todo lo humano), la edad media del espectador llega a los 51 años, en contraste con los 40 años del aficionado que forma parte de la audiencia del baloncesto. Todos estos datos resultan fundamentales para patrocinadores y anunciantes, que dirigen sus estrategias hacia un público bastante más joven, a pesar de que la mayoría de los amantes del béisbol disfrutan de unos ingresos anuales superiores a los 75.000 dólares. Además, los estudios sociológicos muestran que los niños y adolescentes estadounidenses se inclinan por el fútbol americano, el baloncesto, el fútbol (llamado soccer aquí), el patinaje, ciertos deportes de riesgo como el snowboard o, en su defecto, los videojuegos para entretenerse. La prensa y los sociólogos apuntan a un cambio en la sociedad americana, donde, si continúan así las cosas, el béisbol perdería demasiados enteros. Obviamente, una huelga es lo último que necesitaría. Los altos salarios de los jugadores los descalificaban, ante los aficionados, para atreverse con un paro. El sueldo medio asciende a 2,4 millones de dólares por año, mientras que el salario mínimo ha pasado de 200.000 a 300.000 dólares. Además, muchas estrellas superan los 15 millones de dólares anuales en ganancias. Las demandas de los jugadores incluían, entre otras exigencias, el dinero destinado a pensiones, el reparto de beneficios, el salario mínimo, la no desaparición de equipos de las Ligas mayores y una mejor infraestructura para el béisbol.