El polémico futbolista norirlandés de 56 años paga los excesos de su vida desenfrenada tras ser sometido ayer a un delicado trasplante de hígado
31 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.«Gasté un montón de dinero en bebida y coches rápidos, el resto lo malgasté». La leyenda de George Best traspasa su rol de figura en el gran Manchester United de finales de los 60. El extremo de Belfast levantó tanta admiración en Old Trafford como pasiones por su vida desenfrenada. Tras sufrir varias crisis coronarias y recorrer hospitales para tratar su adicción al alcohol y las drogas, el ex-futbolista de 56 años llevaba dos esperando un donante para su exhausto hígado. Por fin, el mejor futbolista de todos los tiempos (Maradona dixit ) fue operado ayer en Londres. Aún era juvenil cuando debutó con los red devils . El Manchester ganó 1-0 y su naciente estrella ridiculizó a Graham Williams, un veterano defensa inglés. Como no lo convocaron para el siguiente partido, viajó a Belfast para pasar las navidades. Pero el United perdió 6-1 y su técnico, el mítico Matt Busby, pidió al jugador que volviera. Best puso la condición de que el club le tenía que pagar un vuelo privado de regreso al término del partido. El Manchester aceptó. Tenía 18 años. Su talento (compartió con Bobby Charlton los méritos de ganar la primera Copa de Europa del club) creció a la par que los escándalos que protagonizaba en los pubs de moda. Best, el jugador más querido de la historia de los diablos rojos por detrás de Cantona, se distinguía por un demoledor regate, sus centros medidos y su gol. Marcó 137 en 361 partidos. De lengua afilada -«se dicen un montón de bobadas sobre defensas rudos y jugadores destructivos; yo los llamo, simplemente, hijos de mala madre»-, generaba ríos de tinta que se desbordaban cada vez que daba a conocer su última borrachera: «Dicen que me he acostado con siete Miss Mundo, pero sólo han sido tres». Una vida de estrella de rock que lo apartó del balón con sólo 28 años, aunque tratase de mantenerse en activo hasta el Mundial de 1982, que finalmente no pudo disputar. Hace poco, decía melancólico: «Daría todo el champán que he bebido por jugar con Cantona un gran partido de Copa de Europa en Old Trafford».