EL MAGISTERIO DE DORESTE

GASPAR ROSETY

DEPORTES

13 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Una de las razones por las que soñaba con ejercer el periodismo cuando era un niño residía en mi interés por conocer otras tierras y otras personas, saber lo que ignoraba y poder contarlo después, poder escribirlo. Este fin de semana, el Monte Real Club de Yates de Baiona invitó a Jose Luis Doreste a participar en las regatas del IV Desafío. Navegando tan cerca de Doreste pude comprobar que aquellos sueños de la infancia se iban haciendo realidad, que podría conocer tan de cerca, a alguien a quien admiraba por sus hechos deportivos. Josele, que cuenta con cinco Juegos Olímpicos a las espaldas, con una medala de oro en Seul-88, con cinco oros en Mundiales y Europeos, forma parte de la historia. Pero hay otro Josele, el que yo no conocía, el hombre. Doreste llegó a nuestro barco y comnenzó a hablar como quien lo hace con sus más íntimos amigos, nos abrió los ojos a la vela, se convirtió en cómplice, en socio de sus tripulantes, y lo hizo con la naturalidad propia de los que de verdad son grandes. Fue solidario, generoso, comprensivo, luchador, maestro, compañero. Me llenó su humildad, como a Luis Collazo, a Xuan Ramón Carballo, a Fernando Madriñán, a Antonio Saborido. Fue paternal. Humano. Y esa humanidad es, precisamente, la que lo eleva, la que me hace escribir sobre él, la que me surge -como en la infancia- por la belleza que puede despertar aquel que sabe vivir abriendo los ojos a los demás a fuerza de abrir primero sus propias manos. Surcar las aguas de Baiona a su lado me resulta una experiencia inolvidable, como los sueños de aquel niño que siempre preguntaba, «papá, ¿qué hay detrás del horizonte». Nunca imaginé que allí estaría Josele. Bueno, además, ganamos, claro, pero ya era lo de menos porque en verdad ya habíamos ganado antes de salir.