Un bañito turco antes de la final

DEPORTES

Brasil, quién te ha visto y quién te ve. Ya nadie se acuerda de la penosa fase de clasificación para la Copa del Mundo. La familia Scolari se queda a una sola victoria del penta tras vencer a Turquía (1-0) en un alarde de fútbol ofensivo y en el mejor partido del Mundial. Ambas selecciones se entregaron al ataque de tal manera que no hubo ni cinco minutos de tregua. Al final, lo previsto.

26 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

El peso de la verdeamarela aplastó a los otomanos (a los que faltó experiencia y sobró respeto), y Brasil luchará ante Alemania por la supremacía del fútbol mundial. Y huele bien para la canarinha . Es la única selección que ha ganado todos los partidos, con una media de 2,6 goles por encuentro. Por este tipo de datos, cualquier adversario de Brasil siente que comienza perdiendo de antemano. Turquía no fue la excepción. La historia le superó, pero demostró ser el rival más digno de los sudamericanos en esta Copa. De hecho, los de Senol Gunes hicieron el partido que no pudieron los ingleses en cuartos. Comienzo atípico Brasil comenzó durmiendo. Turquía, montando la fiesta por su cuenta. Pero sólo un cuarto de hora. Hasta que Alpay despertó al gigante con un certero remate de cabeza que anuló Marcos (meritorio el Mundial de este guardameta; no parece brasileño). La respuesta de la industria brasileira fue contundente: siete oportunidades claras de gol. El descanso no detuvo la descarga cerrada, sólo la interrumpió momentáneamente. Al regreso, de nuevo la canarinha en su papel y golazo de Ronaldo. Deberes hechos. Es de agradecer la reacción de ambos equipos tras el gol. Turquía se volcó al ataque (nunca dejó de hacerlo) y Brasil respondió con presión. Resultado: los tetracampeones fallaron tres goles cantados en dos minutos y los otomanos dieron un par de sustos. Scolari quiso terminar el partido con el corazón en un puño. Metió a Denilson para aguantar el balón y el bético lo monopolizó a base de continuos gambeteos que desquiciaron a los turcos. Brasil piensa ya en la final que podría limpiar su honor. Jugarla no será suficente. Tiene la obligación de ganarla. Antes, varios apuntes: la defensa y el centro del campo cumplieron con seriedad. Sin embargo, Edilson no fue la solución a la ausencia de Ronaldinho. Su ine-ficacia provocó que Rivaldo, que hizo la guerra por su cuenta, se retrasase al mediocampo para luego regresar a la punta de ataque en un vaivén sin sentido.