Noticia de alcance: Italia no especuló con un resultado. Especuló con dos. Jugó con una oreja en la radio, que traía buenas nuevas del Ecuador-Croacia, y, como casi siempre, su mezquindad, su italianez , tuvo premio. Se beberá al menos otra ronda, pero ha llegado a ella muy perjudicada, haciendo eses durante toda la primera fase. De entrada, tenía que ganar (qué mal le suena ese verbo a los transalpinos). Por ello, Trapattoni arriesgó y colocó arriba a Inzaghi y a Vieri, con Totti de surtidor. El equipo se deshilachó. Con las líneas muy separadas, sólo creó peligro a balón parado. Y, en esto, marcó México. Se lo merecía. Italia no tutea al balón. Lo trata de tronco, de coleguilla, sin educación alguna. México le da tratamiento de usted. Atrás manda Márquez, que aúna la elegancia de Djukic con la fiereza de Naybet. El sevillista Torrado es el hombre orquesta del mediocampo: corta y distribuye. Por las bandas asombran dos peloteros (Morales y Arellano) con desborde, toque y llegada. Blanco, el del Valladolid, se transforma con la elástica mexicana, y hasta se atreve a hacer el salto de la rana. México es a este Mundial lo que Portugal a la pasada Eurocopa. Al inicio del segundo tiempo llegaron buenas noticias para Italia. Marcó Ecuador. Le servía hasta palmar sin estruendo. Se echó atrás. México la avasalló y Arellano (min. 8) le pudo dar la puntilla. Italia generó peligro con balones largos, pero Vieri e Inzaghi estaban sin musa. Trap se acordó de Del Piero: le dio minutos de la basura y el bello los recicló en gol. El tiempo de prolongación fue de vergüenza ajena. México la sobó en defensa e Italia miró de lejos. El árbitro zanjó aquel bochorno un minuto antes del teórico final. El seleccionador italiano, Giovanni Trapattoni, alabó el esfuerzo de sus jugadores para neutralizar la ventaja de México y lograr el empate. «El equipo mereció el empate y la clasificación gracias a su gran reacción», explicó el técnico. Trapattoni, que expresó sus dudas sobre el gol anulado a Filippo Inzaghi en la primera parte, lamentó la ausencia por sanción de Cannavaro en el encuentro de octavos.