«Tengo dos nacionalidades, pero para el fútbol soy alemán». Los germanos caminan con suficiencia por el Mundial de la mano -y la cabeza- de Klose, mientras su otra patria, Polonia, ya tiene listas las maletas para dejar el viernes Corea. Debutó como una sorpresa y apunta al pichichi del Mundial con cinco testarazos. El último cerró el triunfo contra Camerún, ante la que fabricó otro gol. No es el primer tanto decisivo del máximo goleador del Kaiserlautern los dos últimos años. Si Alemania está en el Mundial se debe en parte al trabajo de Klose. Marcó tres goles ante Israel, otro ante Grecia y ,en el decisivo choque ante Albania, auxilió al equipo de Rudy Völler con un tanto a dos minutos del final. Polonia, donde vivió hasta los nueve años, y Alemania se rifaron a este joven talento, hijo de Barbara, una balonmanista 88 veces internacional con la selección polaca, y Josef, un rápido extremo del Auxerre. Apostó por el prestigio del combinado germano, a riesgo de chupar banquillo, y hoy comparte con Ballack el liderazgo del equipo. Nadal y Hierro ya cruzan los dedos para no marcarlo con Klose en octavos.