El Mundial no es como el bingo de Eurovisión, donde Eslovenia tendría posibilidades. Los eslovenos parecen el rival perfecto para romper el maleficio español del debut. No hay victoria desde Brasil 50. ¿Cuál será la gran dificultad? Sin duda, el candado del rival. Katanec es conocido en su país por sus planteamientos conservadores. Sólo hay que cambiarle una letra al nombre para que signifique en su lengua «candado». Así le llaman allí. En la Eurocopa nos complicó la vida y sólo vencimos por dos goles a uno. Hoy jugará con ocho atrás y sólo dos arriba: el irregular y conocido Zahovic de enlace y Osterc de punta. España tiene a su favor la categoría de sus jugadores. En Eslovenia, el portero y Galic juegan en el débil Maribor del país. Milinovic en el Jef United de la liga japonesa, Karic es reserva en el Ipswich Town inglés y Novak está en el Unterhaching de la segunda alemana. Sólo Knavs es jugador del competitivo Kaiserlautern. Los dos pivotes son Ceh, del Graz austríaco, y Pavlin, de un Oporto venido a menos. Nos quedan Zahovic, la estrella de un Benfica que no ganó nada; el veterano Rudonga, que pelotea en el Portsmouth de la segunda inglesa; y en punta Osterc, que viste la camiseta del Hapoel Tel Aviv de la gran liga de Israel. Los de Camacho pueden tener respeto, pero jamás miedo. Frente a este once de ligas menores, España ofrece un equipo en el que casi todos han sido campeones de algo. Raúl, con razón, ha insistido mucho en ello. Jugadores del Madrid de la Novena, del Dépor del Centenario y del Valencia de la Liga llevan el peso y no pueden fallar ante los eslovenos por muy atrás que éstos se echen. Ayer la lotería de Camacho apuntaba al abuelete Nadal y a Hierro, con Puyol y Juanfran (Romero aún tenía algún boleto). Valerón jugaría más atrás, junto a Baraja, Luis Enrique y De Pedro (el míster lo considera indispensable por sus centros). Arriba, las diabluras de Raúl y los goles en cámara lenta de Tristán. En la puerta, Casillas en vez del peluquero lesionado a tiempo. Suficiente para abrir el candado.