Galletas, «Braveheart» y multas

TONI SILVA A CORUÑA

DEPORTES

La gloria que Ullrich ha logrado con dos ruedas la ha manchado con cuatro. El coche es su debilidad y su quebradero de cabeza. Hace una semana causó un accidente en Friburgo de madrugada. Se dio a la fuga. La policía le cazó y le descubrió una tasa de alcohol en la sangre superior a 1,4. Le retiraron la licencia de conducir por segunda vez en su vida. En la primera no hubo causa etílica, sólo una velocidad de 200 kilómetros por hora. Dicen que la infracción del 1 de mayo le valió una fuerte reprimenda conyugal. En el coche que él conducía viajaba su compañero del Telekom Vinokurov junto a dos chicas, Evelyn y Melanie. Y el nombre de su novia es Gaby. Es el lado caliente de un hombre gélido de disciplina espartana. Tan gélido que él mismo se ha provocado su actual lesión de rodilla con durísimas sesiones de entrenamiento. Más que una puesta a punto, Ullrich intentaba eliminar los kilos que adquiere cuando llegan las nieves. A ello contribuye su voraz afición a las cookies y demás galletas (en Alemania ha cedido su imagen a una marca de chocolatina). Su ausencia del próximo Tour restará emoción a la ronda gala, dejando para otros el reto de ser el más rápido después del americano Lance Armstrong. No obstante, las lesiones le sientan bien al teutón. En 1998, Jan sufrió una dolencia antes de la vuelta francesa. Llegó a disputarla, ganó tres etapas y acompañó a Pantani en el podio de París. Un año más tarde, otra lesión de rodilla le cambió el Tour por una cama en Alemania. Reapareció en la Vuelta a España y la ganó, igual que el Campeonato del Mundo. En parte, inspirado por el repaso a la cinta de Braveheart, su película favorita, durante la convalecencia.