FÚTBOL El pitido final del colegiado Stefano Braschi del Real Madrid-Bayern Múnich fue el inicial del Barcelona-Real Madrid. Normalmente la cuenta atrás de este tipo de enfrentamientos comienza a una semana del encuentro. Pero una semifinal de la Liga de Campeones no puede esperar. La estrategia, acercar posiciones.
11 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Los merengues quieren renunciar al papel de ganador (quizás por el escarmiento del centenario) y señalan que sus posibilidades de ganar son del 50%. Los azulgrana aseguran que los blancos no son favoritos. Y todo aliñado con la polémica tarjeta de Figo. El próximo 23 de abril se desvelará si tanta repentina igualdad es posible. Abelardo, que augura «dos partidos muy igualados» y con morbo, cree que el emparejamiento es el «no va más» y Frank de Boer asegura que en esta especie de «final» el Madrid no es el favorito. Míchel Salgado primero recordó que el encuentro ante el Barcelona está todavía muy lejos, pero después se rindió a la expectación e indicó que comparte la opinión de los rivales. Para él, la eliminatoria, que «tendrá un morbo especial», está «al 50%». El técnico barcelonista, Carlos Rexach, puntualiza que su contrincante disfruta de una pequeña ventaja: «Jugar la vuelta en el Santiago Bernabéu». Pero el presidente, Joan Gaspart, se muestra tajante, porque se ve en la final: «Pienso que tenemos un gran equipo, jugadores motivados, una afición ilusionada y, con la suma de todos estos factores, creo que vamos a ganar». La amarilla de Figo también alimenta la polémica. De Boer no se calla: «Yo creo que provocó la tarjeta para no venir aquí, fue una amarilla muy tonta por hablar cuando ganaban 2-0». Otros ayer se negaron a realizar declaraciones sobre fútbol. Raúl González y Zinedine Zidane y prefirieron no pronunciarse sobre la semifinal. De momento, claro.