EL GRAN DERBI GALLEGO
06 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Ni un martes laboral lluvioso, ni una hora tardía, ni la comodidad del sofá del hogar impidieron que el celtismo le diese la espalda al derbi. Balaídos no se llenó pero registró con unos 27.000 espectadores la mejor entrada de esta temporada. La sanción a Mostovoi era el tema de todos los corrillos próximos al estadio vigués. Poco a poco y de boca en boca fue pasando que el líder natural del equipo no iba a jugar. Los Comités volvieron a obviar las peticiones del Celta y sus aficionados encendieron la llama de sus pasiones. Por un lado la euforia que precedía al partido, por el liderato, había quedado un tanto frenada. Por otro, recuperaba la parte del orgullo herido. Los celestes necesitaban un triunfo que les mantuviese en el trono y algo que dedicar al ausente Berizzo. Varias pancartas envíaban mensajes de cariño para el central argentino: «Animo Toto, la Champions te espera» o un «Berizzo te queremos», indicaban lo hondo que este jugador ha calado en Vigo. Llegó el momento del comienzo y los célticos saltaron al campo con un mosaico de 20.000 cartulinas que vestía las gradas de celeste. El himno vigués fue una sola voz que concluyó con el eterno: «Celta, Celta, ra, ra, ra». Después la salida deportivista aplacó los ánimos pero la forma de animar era distinta a la de cualquier otro día. Un derbi hace que casi no existan los silencios. Sin embargo, el ver a su equipo atenazado es algo que a lo que esta afición no está acostumbrada. El primer tiro del cuadro local fue en el minuto 26 y eso levantó otra vez el rugido de un incansable aliento. Más tarde llegó el gol de Tristán, la polémica, la bandera del asistente levantada. Los ingredientes de un clásico se acentúan más ante la adversidad y el público tomó entonces partido. El público le dedicó al árbitro las pitadas propias de un gran derbi. Pero el colegiado también hizo méritos para hacerse acreedor de semejante ruido. La polémica marcó los cánticos de las dos aficiones. El gol, las faltas en el medio del campo, las tarjetas... todo recibió los coros de las gradas, que pese a la adversidad del resultado no cesaron de animar a un Celta que durante la primera mitad parecía no merecer tanto cariño. Liderazgo en juego Las gradas, como siempre ocurre, fueron un mosaico de colores. La afición quería presumir de un liderazgo que parece condenado a lo efímero en una Liga que se ha vuelto loca por arriba, loca por debajo y loca por la mitad. Pasaron los minutos, se animó el juego, despertó el Celta y el público siguió respondiendo a la llamada de la gloria. Todavía queda mucha Liga, pero ayer no había que ahorrar esfuerzos. Si algo no faltó ayer en Balaídos fue la emoción, del juego y del resultado. Lo mejor es que los malos modales se quedaron en casa. Lo peor, es que a los vigueses le supo a poco el marcador.