El Dépor vislumbra la final de Copa tras su triunfo en Figueras

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Tristán encarriló la eliminatoria a los cinco minutos con un golazo de espuela Diego escondió el balón como un mago su conejo blanco, pero lo que sacó del sombrero fue la espuela que hundió como un cuchillo en el costado del meta Caballero, hasta el fondo de la red. Precioso, pero esencial en la jugada el dardo envenenado de Scaloni y su acometida de casta, muy profunda, que vale al menos medio gol. Con él, la final de Copa dice «ven» al Dépor, que parece haber salido en Figueras de las tinieblas de su fútbol y ha metido en el Bernabéu algo más que medio cuerpo.

24 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Eso sí, queda la sensación de que los coruñeses dejaron pasar la oportunidad de sentenciar en la ida a un rival inferior. El protagonismo del partido en la primera parte fue para el viento, tan incómodo y racheado que abortó cualquier atisbo de fútbol con su efecto yo-yo: patadón a las nubes, avance inicial de la pelota de unos cuarenta metros, freno en seco en el aire y retroceso de otros treinta, casi hasta el punto de partida. El rival quiso imponer las condiciones de juego de un equipo férreo, bien armado y con once titulares pugnaces, muy persistentes en la lucha, teñidos de rubio y vestidos de blanquiazul. Era como tener encima el incordio asfixiante de un equipo de daríos silva, pero sin la calidad del jugador del Málaga. A partir de ahí, un par de velocistas en las bandas y poco más. Este partido de trincheras malograba el fútbol, pero la verdad es que las condiciones no permitían exquisiteces. Pero, para sorpresa de propios y extraños, el viento desapareció como por arte de magia tras el descanso. Y en ese nuevo contexto, pinceladas de Djalminha y un mejor sentido colectivo rompieron un partido gris, encendido con pañuelos por el público desde el penalti de Duscher. El poste evitó que Tristán marcase el segundo, y Amavisca se comió otro con Tristán absolutamente solo. Los coruñeses, mediado este período, pasaron a controlar la situación y basaron en la circulación de la pelota el control del juego.