DEPORTIVO
13 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Prometió Pepe Moré un Valladolid distinto al del primer round y cumplió. Pidió Javier Irureta cariño para sus jugadores y se topó con la ola y los olés -para sus rivales-, algo que, al parecer, sucede cada vez que el Deportivo visita la capital castellana. Del cada vez más reconocible Dépor -un punto de los últimos 21 como visitante- no se libra ni siquiera la leve apelación al sudor de la segunda parte. El conjunto coruñés se plantó con apenas un par de cambios con respecto al del choque de ida de la Copa del Rey -el tercero, obligado por la lesión de Djalminha-, pero con idéntica actitud al de entonces. Enfrente, un Valladolid arropado y estimulado por su público y más agresivo. ¿Sólo eso? No. El cuadro blanquiazul fue incapaz de controlar el balón y el ritmo de juego, no dio más de tres pases seguidos y ni siquiera utilizó el recurso de las faltas tácticas para frenar lo que se le vino encima durante los primeros cuarenta y cinco minutos. Pecados que se han repetido con insistencia durante los últimos partidos disputados a domicilio y una epidemia que amenaza con extenderse a Riazor. Desidia: Ni siente ni padece. El Dépor recibe goles con una asiduidad rutinaria. En el cuarto de hora posterior al segundo tanto, el conjunto coruñés mantuvo la misma tónica pasota de la primera media hora. Hasta el descanso, su actitud fue la misma con el 0-0 que con el 2-0. Nadie empujó a sus compañeros para, al menos, apelar al orgullo. Ni un gesto de rabia. Falta de concentración: Probablemente hay que remontarse a la noche de los tiempos para recordar la última vez que le han hecho dos goles en apenas un minuto. Los dos tantos, además, fueron una oda al usted primero. En el que inauguró el marcador, Scaloni salió trastabillado del recorte de Marcos -¿Zidane?-, al que perseguía a dos metros de distancia. En el segundo, Djorovic contempló con admiración la osadía de Fernando al repetir suerte sin apenas tiempo para recuperarse del primero. Sin profundidad: Hagan memoria. En el primer tiempo, un disparo de Makaay tras encarar a un defensa y otro lanzamiento lejano de Víctor. Nada más. Ricardo fue un espectador privilegiado. Sin trabajo y, lo que es peor, sin que el Dépor ofreciera la sensación de poder generar peligro. ¿Y las bandas?: Ni Víctor ni Fran -a priori, los dos jugadores destinados a buscarle las cosquillas a la defensa pucelana por las bandas- aparecieron en los primeros cuarenta y cinco minutos. El capitán deportivista, porque cada vez se aleja más de la cal; Víctor, porque apenas tuvo oportunidades para encarar a su marcador, además de acabar inmerso en el desquiciamiento general tras el baile de la segunda parte. Ni seda ni sudor: Javier Irureta optó en el descanso por sentar a Fran y a Valerón. Adiós al frac. Funcionó durante unos minutos. Sólo doce. Hasta que Fernando posó para los fotógrafos en el tercer gol. Antes, hubo tiempo para que Roy Makaay errara en el uno contra uno con Ricardo, pasara a Tristán y este le devolviera el favor. Sin resultado. A partir de entonces, el Valladolid en su salsa. Un baile en toda la regla. Sin enganche: Si Valerón no funciona, el Dépor se pierde en un insulso toma y daca. El enganche canario sufrió el marcaje individual de Mario -¿le acompañó a la ducha?-, pero nadie encontró una respuesta a una situación táctica que no es nueva. ¿Arrogancia? Quizá el Dépor pecó en el Santiago Bernabéu de una cierta arrogancia, pero al menos mantuvo el tipo durante cuarenta y cino minutos. En el Nuevo Zorrilla, disputó todo el choque en el vestuario. Habrá que pensar que lo del Santiago Bernabéu no fue tan malo y la galaxia está más cerca de lo que se piensa en la capital de España.