El Celta debe vencer a Osasuna para seguir optando a todo Llegó el momento de la acción. Tras una semana que pasará a la historia por la asunción pública, por parte de varios jugadores, del papel de «cocandidatos» al título de Liga, llegó el momento de demostrarlo sobre el terreno de juego.
12 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.A partir de las cinco de la tarde, con la dirección arbitral de Iturralde González, los célticos se enfrentan a uno de esos equipos que suelen provocar muchos dolores de cabeza. Además, Osasuna llega a Vigo con la moral por los cielos tras haber ganado claramente al Alavés en Vitoria. Comenzar con una victoria la segunda vuelta será imprescindible para mantener las aspiraciones abiertas a cualquier meta en esta ajustada competición liguera. Sin querer comparar la situación actual a la de hace un año, la visita entonces de Osasuna a Vigo supuso, para los olívicos, toda una recarga de moral que les llevó a firmar la mejor segunda vuelta de toda su historia. Es por ello que el Celta debe seguir desarrollando el buen juego mostrado hasta el momento pero también tiene que plasmarlo en el marcador. Para ello, Víctor Fernández tiene a su disposición a todo el arsenal celeste. Cualquier solución que aplique en la composición de la línea de ataque será buena ya que los cinco candidatos a ocupar las tres posiciones de la media punta están en un estado de forma envidiable. La jornada ofrece otros partidos que tendrán una incidencia directa en la clasificación del Real Club Celta. El Valencia, tercer clasificado, visita el Bernabéu y el Deportivo de A Coruña, segundo clasificado, se enfrenta al Valladolid en Zorrilla, un campo en el que, tradicionalmente, no suele obtener la victoria. Pero no hay que olvidarse del Atlético Osasuna, un equipo que ha marcado en todas sus salidas, excepto en Villarreal, y que cuenta con un delantero congraciado con el gol, el italo-australiano Aloisie. La paciencia debe presidir todas las acciones de los jugadores del Real Club Celta y, sobre todo, la concentración no debe abandonarles hasta que Iturralde entone el pitido final del encuentro.