Brindis de Tristán en la Copa

La Voz

DEPORTES

NORBERTO

Dos goles del delantero andaluz, la calidad de Djalminha y un par de asistencias de Fran meten al Deportivo en octavos de final del torneo Misión cumplida. Mucho sufrimiento, una nueva remontada, dos goles de Tristán y el resurgir futbolero de Djalminha. Todo eso y más fue necesario para que el Dépor salvase el trámite de la Copa del Rey ante una Cultural que puso en aprietos a un Dépor que sólo demostró su categoría en los últimos veinte minutos.

29 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Tiene la negra el Deportivo con sus delanteros. Primero Tristán, después Makaay... Le tocaba caer a Pandiani, y Pandiani cayó. Y lo que es peor, después de fallar a los diez segundos de partido un regalo del cielo que ningún delantero debería marrar. Sergio lo mandó a la caseta con una caricia en la cadera. Sigue en pleno apogeo el gafe de los arietes, así que Changui puede ir calentando. Resultó inútil, pero lo cierto es que el uruguayo tuvo el pundonor de regresar al terreno de juego. Y eso que el colegiado Muñiz Fernández -¡pásmense!- no sabía que Pandiani estaba fuera y entendió que entraba para sustituir a un compañero. De traca. Y el Deportivo, una vez más, controló, dominó, tuvo la posesión, pero sin resultado. Y el moito lirili e pouco larala, que dicen por la tierra, metió el partido en el descanso tal y como vino al mundo, sin goles ni juego. Ocasiones -la de Pandiani al margen-, las justas. Sin excusas de césped -perfecto- y, eso sí, con una rasca made in Picos ejemplar -dos graditos- evitó el Dépor una debacle como la de Mallorca, pero dejó una sensación anodina en el primer tiempo. Con la calidad congelada en el tubo de ensayo coruñés, las escasas pinceladas de clase de Fran y Valerón y el sistema de contención coruñés inclinaron levemente del lado visitante la balanza de méritos del primer tiempo, insuficiente a todas luces. A pesar de que la circulación de balón era una garantía tras el descanso, el equipo no acababa de crear ocasiones de gol y el camino para desarmar la rocosa defensa de cinco de los leoneses no se veía muy claro. Irureta buscó más punch con Djalma -por Émerson-. Y el talento del brasileño superó el muro de la Cultural en una falta de campanillas, pero quedaba el último escollo, el meta Juan Carlos, que hizo la palomita de su vida, la de enseñar algún día a los nietos. Y si las bicicletas de Djalma levantaron el caché futbolístico del Dépor fue el golazo de Ibáñez el que -como siempre- hizo reaccionar de una vez a los coruñeses. Héctor, Fran y Tristán echaron mano del tiralíneas para dejar en tres minutillos el sueño de gloria de la Cultural. Un envío magistral de Fran y un leñazo soberbio de Tristán.