Los intocables de Julio Díaz

R. FERNÁNDEZ LUGO

DEPORTES

FÚTBOL / SEGUNDA B

27 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Los centrales Suárez y Buide, el portero Carlos y el centrocampista Pibe son los cuatro intocables de Julio Díaz. Desde la reaparición del estratega en Lugo, estos jugadores forman un grupo incombustible que absorbe los minutos como una esponja. En las diez últimas jornadas han hecho pleno. Buide y Suárez han creado una asociación inquebrantable en el centro de la defensa. El capitán sólo se vio relegado a la suplencia en el último partido de Basadre como entrenador, el de la tercera jornada ante el Celta. Tras este breve lapsus, Buide retomó el mando de las operaciones sin soltarlo. «Sólo puedo recompensar con trabajo la confianza del entrenador», apunta el lucense, que no quiere ni pensar en el tormento que sufrió la temporada pasada cuando se operó de pubis. «Era mi primera lesión seria y estuve inactivo desde el 21 de enero; lo recuerdo como si fuera hoy», rememora. Súarez es otro de los fijos en el equipo. Sólo una sanción que arrastraba de la campaña pasada le impidió jugar el primer encuentro ante el Athletic. Desde entonces todo ha sido coser y cantar para el asturiano, que cuenta sus partidos por jornadas: «El centro de la defensa es la más castigada, y cuando se recupere Vila la competencia será mayor». Sin duda, el meta Carlos ha sido el más beneficiado con el cambio de técnico. En un abrir y cerrar de ojos, el santiagués pasó del más profundo ostracismo a la titularidad indiscutible. Con Basadre, Adrián era el elegido, pero Díaz prefirió la madurez de Carlos al desparpajo del canterano. «Los entrenadores suelen apostar por un hombre y es difícil que cambien, posiblemente porque el puesto de portero es más específico que otros», señala el cancerbero, a pesar de que considera que este detalle no es óbice para pensar que el míster pueda cambiar de opinión. Pibe, el elegido Pibe pasa inadvertido por el campo, al menos ante la mirada de los aficionados; pero no ante la del técnico. El centrocampista es inamovible. En trece jornadas, otras tantas titularidades. No ha tenido ni un respiro, y perderse un partido por sanción no entra en sus planes: Ni una tarjeta amarilla.