Empate con sabor amargo

DEPORTES

El Dépor iguala con el Lille un partido que tuvo en la mano Una lástima. El Dépor dejó escapar un partido que tenía bajo control y se privó, por una jugada aislada, de su clasificación virtual para la siguiente ronda de la Champions , que tuvo en la mano. Los gendarmes del Lille le habían puesto encima dos perros de presa porque le tenían pánico. Parecía hasta entonces algo desdibujado, pero Valerón, con enorme clase, encontró un pasillo profundísimo entre la maraña defensiva francesa. Letal el eslalon del canario y preciso su remate a la red.

10 oct 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

A partir del gol, el Dépor fue amo y señor del partido hasta el jarro de agua fría de Olufade, que consiguió un golazo. Había maniatado con una seriedad pasmosa las acometidas del Lille y manejó el partido para crear dificultades al rival a la contra. Lejos quedaba ya la jugada del primer tiempo en que Víctor se tiraba de los pelos, y no era para menos. Parece que la amarritis se ha extendido como una plaga entre los atacantes blanquiazules. El pase que no le dio Pandiani no es que pudiese ser gol, es que lo era. Y eso que el madrileño le había puesto antes una volea en la bota que el uruguayo no embocó de milagro. El Deportivo encontró la vía de acceso entre la maraña rival de la forma en que los de Irureta lo habían ensayado el día anterior: reversos de los extremos para romper el fuera de juego y diagonales desde el centro por encima de la defensa. Cuando los jugadores buscaron esa fórmula aparecieron las ocasiones. El Lille es el clásico equipo que hace del fútbol una disciplina atlética. Es como si los jugadores saliesen de debajo del césped en cada acción. Con la calidad en dosis homeopáticas, el Lille planteó un partido de acoso y derribo en el que sus jugadores corrieron muchos kilómetros. En contra de lo que había ideado hace un mes, Irureta, aleccionado tal vez por lo que el rival ha demostrado en la champions, renunció a la batalla física en el centro y prescindió del triple pivote en aras de un planteamiento más ofensivo. Contra la fuerza física, fútbol de toque. El problema, al principio, era que la intensidad del Lille en la presión y su férreo repliegue impedían que el balón llegue con comodidad a Valerón, Fran y Víctor, y, cuando eso ocurría, tenían pocas opciones para intentar la jugada, con su par encima. Así, la primera fase del partido encumbró el correlorchos. El balón, por las nubes, y el Lille, empeñado en romper la medular a base de carreras y en buscar por alto a un Bakari al que Donato, excelente, no dio demasiadas opciones, muy bien arropado en el trabajo de contención por Duscher y Émerson.