FÚTBOL / COMPOSTELA
02 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.No fue un partido para enamorar pero los tres puntos se quedaron en casa y la afición salió satisfecha. Lo mejor estuvo, precisamente, en la grada. Si bien la entrada fue floja, los peñistas que se ubicaron en los fondos animaron con convicción. Desde una perpsectiva más directamente ligada al juego, cabe significar en el lado positivo de la balanza que el Compostela ganó sin llegar a gustarse. Y ganó por la extraordinaria efectividad que acreditó ante el Alavés B. De los cuatro lanzamientos entre los tres palos, tres acabaron en gol. El partido comenzó imperial para los intereses locales. Tal y como había anunciado Luis Ángel Duque veinticuatro horas antes, el Alavés adelantó bastante su defensa. En la primera aproximación con veneno se abrió el marcador. A los tres minutos y en tres trazos. Los que dibujajron Biscay, con un envío a la espalda de la zaga; Rubén, que interpretó el desmarque, controló y pasó (también tenía opción de tiro); y Arquero quien, en posición forzada, arrastró el balón a la red. Cuando la afición paladeaba el arranque, llegó la frustración, el regreso al pasado, a esos fallos defensivos que tan caros costaron la anterior temporada. Santi Amaro centró al segundo palo, Rafa se quedó en la línea, Pignol desguarneció su zona y Panadero conectó un testarazo que dio en el larguero, botó dentro y salió hacia fuera. Acertaron entre el árbitro y su ayudante. Desde ahí hasta el descanso el partido se convirtió en un rosario de imprecisiones. El balón cambiaba de uno a otro bando con excesiva rapidez. Nadie lograba imponerse y el juego se atascaba en el centro del campo. De ese marasmo sacó más ventaja el Alavés B, aprovechando su envergadura física, su capacidad de anticipación y los rechaces. Pero nadie tocaba en corto, al tiempo que los desplazamientos largos salían con las coordenadas erradas, muy planos. El partido murió en el primer cuarto de hora de la segunda mitad. Tiempo suficiente para que el Compostela anotase dos goles más. El primero de ellos en una jugada de fuerza trufada con ciertas dosis de fortuna y tintes surrealistas, en el minuto 52, en un momento clave. Pedro Aguado hizo un mal control en la banda izquierda. Casi cayéndose salvó el balón en la línea de fondo, tocó con la puntera, de ahí salió un túnel y a continuación un pase al primer palo. Juanito llegó desde atrás como el tren AVE, se anticipó a la defensa y remató en carrera. Cinco minutos más tarde Pedro Arquero cerró la cuenta con un soberbio lanzamiento de falta. (pasa a la página siguiente).