Quince minutos de chispa

La Voz

DEPORTES

CÉSAR QUIAN

El Dépor alcanza la final del Teresa Herrera con goles de Makaay y Pandiani Minuto 1, bicicleta de Víctor; el de los pelos (Lima), a la peluquería del césped y a por un implante de cintura. El centro, medido, y el cabezazo de Makaay, picado, a la red. El comienzo del Teresa Herrera no pudo ser más chispeante. El Deportivo encandiló en Riazor durante quince minutos de bonitas incursiones, triangulación constante y ocasiones de gol. Pero fue sólo un espejismo. El resto del partido, soporífero y todavía sin ritmo.

09 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

ALFONSO ANDRADE A CORUÑA Siguió Víctor con la batuta en el festival coruñés del primer cuarto de hora. Más bicis. De todos los colores, de carreras, de montaña... Las triangulaciones, con la gorra: Valerón, Duscher, Amavisca, Makaay... Y claro, cayó el segundo. Envío en profundidad del canario, milimétrico, pase de la muerte de Roy y remate a placer de Walter Pandiani, que le tenía ganas a sus ex. Peñarol practicaba un fútbol lento, desordenado, sin velocidad. Un fútbol tácticamente arcaico que no podía corresponderse con la realidad del fútbol uruguayo. Los americanos endurecieron las marcas, repartieron más estopa y se aprovecharon del bajón físico del Dépor -normal a estas alturas- para controlar el balón en el centro del campo y salir al menos de su área. Pero si recortaron distancias con el bonito sombrero de Cannobio fue realmente por el estatismo de los dos centrales en una jugada de despiste, y por la salida en falso de Molina, que le costó la bromita del zurdo de Peñarol. La actitud de los uruguayos en la segunda parte dejó bastante que desear por un sentido discutible de lo que es un amistoso. A falta de fútbol, culto a la leña. Bengoechea y Adao, entre otros, repartieron cera hasta por correspondencia. Víctor se fue del campo cojeando, José Manuel con un codo clavado y Donato con una embestida del gigantón Adao. Y tal y como se estaba poniendo el vecindario, lo mejor, contemporizar, tocar y administrar la ventaja, pues lo cierto es que Peñarol no tenía demasiado interés en intentar remontar. Así, Irureta retiró a Makaay y colocó a Jaime de mediapunta, con Duscher y Émerson por detrás. Pandiani, como única referencia arriba, apenas recibió juego. Eso sí, más control del balón, pero ocasiones, las justas. Por lo demás, hay que destacar la agradable sorpresa de José Manuel, muy activo y habilidoso en la derecha, y el saber hacer de Djorovic, que transmite una seguridad impresionante.