ATLETISMO / CAMPEONATOS DEL MUNDO
07 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Un revés como el sufrido por los Jets ante los Colts en el 69, como el de la selección estadounidense de hockey hielo ante la de Rusia en el 80. Así sienten en Estados Unidos la plata de Marion Jones, siempre la primera de la pista en los exámenes finales desde que sucumbiera en 1997 ante la jamaicana Merlene Ottey. A la que se presumía como reina de los Campeonatos del Mundo se le sublevaron dos veces en su supuesto primer día de reinado. Dos derrotas con menos de dos horas de diferencia tras 55 victorias consecutivas. La ucraniana Zhanna Pintusevich derrocó a la diva americana, que ocupaba cómodamente el trono de los 100 metros lisos femeninos. Lo advirtió en una de las semifinales y lo convirtió en la final. Blanca, europea y más bien baja, una monarca atípica en la actual era del selecto país del hectómetro. Jones, como en su arrancada en los 100, realizó un comienzo de temporada también pausado para recuperarse de los excesos de los Juegos Olímpicos de Sidney, de los que salió con cinco medallas, tres de oro y dos de bronce, y con un tremendo desgaste físico y psicológico. La esprinter, cansada, casi sin rivales y enfrascada en el divorcio de su marido, el lanzador C. J. Hunter, y en su labor como comentarista de la NBA femenina, parecía ganar más por inercia que por determinación, por costumbre que por explosividad. Pintusevich, en cambio, igualó a Maurice Green en la salida de la final (sólo 123 milésimas para arrancar). Había rumiado su subcampeonato mundial de Atenas, en el 97, cuando creyó que había derrotado a Jones hasta que los marcadores la bajaron del lugar más alto del podio con dos bofetadas materializadas en dos centésimas. Después del chasco, vinieron la sequía de metales y el engorde de marcas. Jones tampoco olvidará sus tres centésimas de desventaja en Edmonton. «Veré la carrera unas 5.000 veces y no creo que pueda dormir mucho, después competiré en los 200», señaló. Ahora se prepara para la prueba durante la que cayó fulminada por una lesión en los Mundiales de Sevilla. El pobre consuelo para los estadounidenses, que Pintusevich está casada con un americano, el agente de deportistas Mark Block, por eso la prensa local se apresura a recordar que la vencedora es Pintusevich-Block. Pero simplemente ganan una esposa de importación y pierden una reina autóctona.