De puntillas hacia el éxito

REDACCION A CORUÑA

DEPORTES

CICLISMO / TOUR DE FRANCIA

22 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Armstrong se acerca a su tercer Tour de puntillas. De altura media (1,77 metros) y musculoso (71 kilos), el líder del US Postal adopta una posición en la bicicleta habitual en ciclistas de talla pequeña, en escaladores que bailan sobre las bielas. Los corredores de su potencia, como Ullrich, optan por un pedaleo más profundo, con el taco en el centro de la zapatilla, con el pie casi horizontal. Armstrong no. Mueve desarrollos ligeros con el taco casi a la altura de los dedos. Viaja casi de puntillas sobre la bici. El doble ganador del Tour nació con ese gesto. Tiene una ventaja: la mayoría de los ciclistas cargan el trabajo de cada pedalada en la parte alta de las piernas, por encima de las rodillas, en el cuadriceps. El estadounidense, al avanzar con la parte delantera del pie, emplea más la zona baja de la pierna. Pedalea más con los gemelos, en su caso muy desarrollados. Desde el punto de vista del peso y la aerodinámica, el reparto de trabajo entre el cuádriceps y el gemelo tiene un efecto secundario positivo. El gemelo es un músculo menos voluminoso: así, el deportista evita un desarrollo excesivo del cuadriceps y, por tanto, reduce su peso y mejora su coeficiente de penetración en el aire. El ciclismo actual se mide en el margen tan estrecho que delimitan este tipo de detalles. Por eso, los especialistas y los médicos tratan de limar cualquier error. Un ejemplo: cuando Jalabert llegó al equipo Once, era un ciclista que movía los pedales utilizando de una forma excesiva y hasta casi nociva sus portentosos gemelos. Manolo Saiz, director del equipo, tuvo que educarle de nuevo y reconvertir su pedalada hasta conseguir que fuera más homogénea. En el caso de Armstrong, junto a su perfil adelantado sobre la bicicleta -como si se apoyara sobre los hombros cuando escala y arrastrara hacia delante los pedales-, destaca la velocidad de su cadencia. La frecuencia de pedalada es una cuestión muy particular, casi personal. Algunos estudios, basados en el ritmo de todos los poseedores del récord de la hora, cifran el número de giros ideal en 103,8 por minuto, muy similar al que utiliza Armstrong cuando ataca en montaña. Induráin, por ejemplo, superó las cien pedaladas por minuto cuando batió el récord en Burdeos, en 1994; Merckx llegó a las 104 en México, en 1972, como Boardman en 1996. Sólo Obree, subido en aquella bicicleta artesanal, rompió la norma: apenas 93 vueltas cada 60 segundos. Hinault, Merckx e Induráin -y ahora Ullrich- domaban los puertos con cadencias de entre 85 y 95 giros por minuto. Armstrong ha roto esa tendencia. Ha reconvertido su cuerpo de clasicómano en el del mejor escalador.