FÚTBOL Del «unidos, hagamos fuerza. Pasión por el Barça» al «pido perdón». Seguramente, ninguno de los 45.000 espectadores que acudieron al Camp Nou para presenciar el Barcelona-Celta del domingo recordaba el lema electoral de Joan Gaspart
25 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Ni la despedida de Pep Guardiola levantó excesivas pasiones. El Año Cero de la era Gaspart ha sido fiel a su nombre. La nada. Gaspart, al igual que Isabel II de Inglaterra, atraviesa su «annus horribilis». La imagen más elocuente del desastre, la del propio presidente al borde del éxtasis al conseguir... la clasificación para la Champions League. El vergonzoso logro de una temporada, para colmo, en blanco. La gloria del Barça se resume en una chilena de Brasil. Después de la marejada de los fichajes y de la marcha de Luis Figo, el Vía Crucis comenzó en la estación dolorosa de la Liga de Campeones. Los turcos del Besiktas bailaron a los culés, a su vez «bailarinas», según un directivo. A los barcelonistas sólo les quedaba ponerle velas a San Siro para que un triunfo del Milan les permitiera sobrevivir. Pero firmaron una despedida a lo selección española: gran último partido, pero... eliminados. Gaspart y su club se volvieron inofensivos. Fluidas relaciones con Florentino Pérez y retirada del non grato en el campo del Espanyol. Y así se pasó la temporada, jugando a la piñata con las golosinas Riquelme y Saviola y cambiando al insípido Serra Ferrer por la incógnita Rexach. Semifinales de la Uefa, semifinales de la Copa del Rey. Sobredosis de somnífero en el Barça-Liverpool. Ni una triste final. Lluís Bassat ya despliega su artillería con un «si pudiera, pediría la moción de censura». El reino blaugrana se destiñe. El rey Gaspart trajo carbón.