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26 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.No marcará goles, no despejará de puños, ni correrá la banda, pero será el gran protagonista del Dépor-Valladolid. Javier Irureta vivirá esta tarde un encuentro muy especial, con Riazor como escenario de lujo para pulsar los latidos del deportivismo ante su enigmática continuidad. Hasta la fecha ha ido sorteando con maestría todas las intentonas por descubrir sus planes de futuro. Ha manejado el asunto a su antojo y ha logrado lo que muy pocos: marcarle el ritmo a Lendoiro. El vasco se ha mostrado impermeable a las filtraciones. Entre él y su representante Miguel Santos han levantado un muro sin grieta alguna que ha impedido ir más allá de la mera especulación. ¿Valencia? ¿Oporto? ¿Bilbao? ¿Madrid? ¿A Coruña? Nadie lo sabe, salvo él y su reducido círculo de íntimos. ¿Un año? ¿Dos años? ¿350 millones por temporada? ¿Plenos poderes para fichar? Han sido días de muchas preguntas y de muy pocas respuestas. Javier Irureta pasará hoy el examen de la afición. Lo hará en un Riazor al que debe una gran parte de su éxito y el mismo día en que la Liga se hizo blanca del todo. Dice que no está afectado por la situación, ni preocupado por aprobar el examen del respetable. En juego, además, la clasificación matemática para la Champions, es decir, el punto y final a los deberes más famosos de España. Para ello basta con un empate. Y después, llega la hora de negociar, o más bien, de desvelar el secreto mejor guardado del fútbol español: ¿Seguirá Irureta viviendo en el Tryp María Pita? Ahora mismo, las quinielas le alejan del norte de sus amores y del equipo en el que ha conseguido el salto de calidad como técnico. Pero, ¿quién se atreve a asegurarlo con rotundidad? En su día también rompió el pronóstico de quienes aseguraban que jamás ganaría una Liga.