FÚTBOL / COPA DE LA UEFA
15 mar 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Aún corre el confeti y suenan las bocinas, todavía se escuha el rum-rum, de una noche mágica y en lontananza ya se divisa otro cruce de caminos. Otra embestida ante el coloso que, a diferencia de El Quijote, en este caso si es tal y no un simple molino de viento. Celta y Barcelona volverán a enfrentarse en las semifinales de la Copa del Rey. Esta noche a Balaídos se acudió con el paraguas y el abrigo en medio de los últimos coletazos del invierno y para entonces el verano estará entrando en la ciudad. Todo vigués, después de lo que ha visto llover este año, pensará que ojalá el parte metereológico nos depare alegría y un poquito de manga corta. Y, por seguir pidiendo, que tal una eliminación del Barça y una clasificación para la final de Copa del Rey en Sevilla. Al club vigués la historia le debe un título y esta ciudad se merece por fin una alegría. Ese que se quedó en las botas de Alejo y en las manos de Cedrún, ese que hizo que Cañizares no pudiese con Higuera, ese en el que Víctor Fernández era enemigo y no un amigo. El 20 de abril del 94 quedará entre los recuerdos tristes, pero lo bueno del deporte es que hay un después y más finales que años. En este año, Celta y Barça son algo más que clubes y sus partidos algo más que enfrentamientos. Los bombos y el azar han querido que ambos conjuntos, catalán y gallego, se ven las caras en seis ocasiones durante el año. Dos en Liga, otras dos en la Copa de la Uefa y las dos últimas en la Copa del Rey. En Liga, Balaídos significó un empate a tres goles entre ambos equipos. En Uefa, el balance de ayer es ya inapelable. Nos queda la Copa del Rey, donde los vigueses esperan igualar su mejor resultado en esta competición y plantarse en la final que se disputará en Sevilla. Al Real Club Celta le quedan todavía dos largos meses para hacerle la digestión a la Uefa, donde los vigueses han vuelto a brillar a gran altura. En medio habrá que preparar la mejor de las estrategias para afrontar con éxito la Copa.