DEPORTIVO Cataluña clama contra la conspiración anticulé. Y el madridismo, sonríe. Ahora es el Barça el que llora, grita, patalea y se muere por dentro ante la felonía de un árbitro que cometió el pecado de equivocarse del lado blanco. La pasada temporada, en el Camp Nou, Sergi salvó un gol con la mano sobre la línea de gol.
05 mar 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Buena parada la del lateral y mayúscula pifia la del colegiado. En esa ocasión, ningún tercero salió perjudicado. No había más narices, uno de los dos gigantes tenía que ver el lado oscuro del arbitraje. Pero durante el resto del año es una evidencia que Madrid y Barcelona viajan a lomos de su poderío, tanto del propio como del colateral (llámese así a la cuestión mediática, arbitral, política e institucional). Y mientras se discute si se favorece más a blancos o a azulgranas, lo cierto es que un tercero en discordia, el campeón de Liga, el Deportivo, tropieza una y otra vez en errores con beneficiario blaugrana o merengue. No hay que remontarse demasiado. Con 0 a 1 en el marcador, Andradas saca de su chistera de prestidigitador un penalti que a punto estuvo de dar tres puntos a los blancos. Pero lo de Andradas no dejó de ser un paso más en el vía crucis que ha pasado el Deportivo en su lucha ante los titanes del fútbol nacional. Quién no recuerda el partido de la pasada temporada ante el Barcelona en el Camp Nou, donde Medina Cantalejo indignó al deportivismo entero con una actuación con clara tendencia culé, con penalti a Djalminha escaqueado, entre otras cosas. O, con independencia de que el rival fuera culé o madridista, ¿quién no recuerda el célebre momento en que Pérez Lasa anuló un gol Songo''o en Los Pajaritos? No está de más, ahora que el Madrid y el Barça se tiran los trastos a la cabeza y discuten sobre la teoría de la conspiración, recordarles que, mientras ellos sufren un día, otros lo hacen toda la temporada. En definitiva, el Dépor vive entre dos fuegos, cuyos rescoldos, de cuando en vez, producen quemaduras.