DEPORTIVO Jornada 17 de la Liga. Cuarenta y cinco mil personas en el estadio de Mestalla, algo ya habitual. El equipo local, líder de Primera División, sale al campo acompañado de música de viento. La bronca se repite cada vez que Cúper toma una decisión -cambio de Ilie- y cuando el Valencia, una vez confirmado el liderato por décima semana, se retira a los vestuarios.
08 ene 2001 . Actualizado a las 06:00 h.¿Inexplicable? El sector crítico del valencianismo ha escogido como muñeco de su particular pimpampum al entrenador. Pero tampoco Mendieta se ha librado de las críticas y, últimamente, le ha tocado a Angulo. «No es fácil de entender -comenta un veterano periodista de la capital levantina-, deportivamente, la situación es envidiable». La incredulidad se acentúa desde la lejanía. Al mejor jugador español de las dos últimas temporadas no le perdonan ni un momento de respiro y al técnico que condujo al equipo a la final de la Liga de Campeones, menos aún. «No existe feeling entre Cúper y una parte de la afición, la relación es de amor-odio», reconoce el informador. Héctor Cúper confirmó en su primer temporada en Valencia el prestigio ganado al frente del Mallorca. Igual que en Baleares, le desmontaron el circo: Farinós al Inter, Gerard al Barcelona y Piojo López al Lazio. Buen ojo clínico: apostó por Baraja y por Carew ante el escepticismo general. El gigante noruego, de veinte años, ha marcado siete de los últimos doce goles valencianistas y el ex-atlético ha alcanzado la internacionalidad. Pero el discurso de Héctor Cúper no encandila. Nada que ver con sus compatriotas Jorge Valdano o Menotti. En una reciente entrevista reconoce abiertamente: «Soy serio en el fútbol, en mi casa y con mi tía». La directiva confía en el argentino y quiere que siga. ¿Y Cúper? Contraviniendo su habitual parquedad discursiva, confesó que le había pedido a los Reyes Magos la renovación. ¿Le gustaría que le quisieran más? Responde: «Me gustaría que me respetaran más; si además me quieren, mejor». ¿Les suena?