El Dépor halla en la senda del gol la vía precisa para sortear el bache

Alfonso Andrade Lago
ALFONSO ANDRADE A CORUÑA

DEPORTES

La victoria sobre el Oviedo da un año de inexpugnabilidad a Riazor Una vaselina de ensueño y tres golazos de bandera devolvieron la sonrisa a Riazor, algo tímida desde que el Milan pasó la hoz por el césped. El público festejó los tantos y se fue contento después de hacer la ola y comprobar que la supuesta crisis era sólo un chisme venido a más. El día 5 de enero, Riazor cumplirá un año entero sin caer en la Liga.

21 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.

El equipo encontró en la senda del gol la vía preciso para sortear el bache y poner fin al viaje del equipo al centro de la tabla, aunque la verdad es que si el Oviedo no marca a domicilio con las ocasiones que tuvo ayer -penalti incluido- ya puede ir poniendo velitas a la Virgen. El Dépor empezó jugando con bastante clase. El primero de la noche es una mano dentro del área que se traga el árbitro. Pero a Djalminha le importa poco que Prados García coloque el punto de penalti a dieciséis metros y una barrera entre el balón y la portería. Esteban, mal colocado, se comió el furón del brasileño. No es que el Deportivo estuviese haciendo un partido de campanillas, pero era suficiente para imponerse a un Oviedo ramplón. La defensa asturiana tiene el corazón varios goles más blando que la coruñesa. Fran ya alimenta con arte las fauces de Riazor. Pablo Suárez, pegado a él como una lapa, poco podía inventar para contener la inspiración insultante del de Carreira. Luchador, sin duda, pero poco dotado técnicamente, Suárez engrosa el inmenso montón de los que no quieren ser del montón. El Oviedo tiene unos cuantos. Ayer le tocó asumirlo. A los 25 minutos, con la valentía ofensiva de luto, los coruñeses se echaron a dormir la siesta. Mientras el Oviedo hacía ¡bluff!, el Dépor sonaba ¡zzz!, y Losada, ¡crock!. Su fractura de tibia, estremecedora, sonó en la grada como un huevo cascado al chocar con un tren llamado Molina. Un remate de Oli al larguero fue el despertador que necesitaba el Dépor en la segunda parte. El primero en desperezarse fue Makaay. El holandés metió el turbo para elevar a la categoría de golazo una gran asistencia de Émerson. La velocidad del ariete hizo estragos en el desayuno. Después, la fase esa de a ver qué ocurre dio paso a la de fútbol, y ahí, el Dépor empieza a tener cancha para deprimir al Oviedo. Fran negoció con Djalma la ley del pase al hueco y, entre los dos, empezaron a dejar solo al holandés. Como una bala. Así se iba Roy, con la portería en el punto de mira. Y cuando el meta Esteban se ponía místico con un sufrido «¡ay, Dios!», El asistente de Prados mandaba el fútbol a paseo con un imprudente banderín. ¡Qué barbaridad! De ahí al final, más galopadas de Makaay. Una de ellas valió otro golazo de Djalma, con un nuevo obús desde fuera del área. Sus tantos, asistencias y bicicletas, maravillosos. La vaselina final, de Balón de Oro, como pidió Riazor. Pero eso sí, sus airados desplantes hacia un sector de la grada, feísimos.