El oficio mató la ilusión de Riazor

La Voz

DEPORTES

XURXO LOBATO

LIGA DE CAMPEONES Una mano, una maldita mano del guardameta Abiatti sacó el empate de la escuadra. Es una lástima, pero el «¡Porca miseria!» tuvo que entonarlo el brasileño Djalminha ante el paradón del italiano. El Dépor intentó poner el juego, pero tuvo que recurrir a la casta ante el mayor oficio italiano. Tanto se entregó que, pese a la derrota, salió ovacionado de Riazor.

06 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.

ALFONSO ANDRADE A CORUÑA Lo dieron todo, pero esta vez no hubo final feliz para otro partido épico en Riazor. El Milan, desde luego, no es el Hamburgo. Muy táctico fue el partido en los primeros compases. Dépor y Milan escenificaron el fuera de juego de forma perfecta, con dos líneas defensivas adelantadísimas. Esa situación concentraba el fútbol en el centro del campo. Con los espacios contados, varios jugadores del Deportivo cometían el error de no soltar rápidamente el balón. Retenerlo equivalía a perderlo ante la sólida estructura defensiva italiana. Los coruñeses tadaron en comprender que debían pasar antes la pelota, y ese fue tal vez el error, porque la zona rojinegra garantiza que dos hombres atacan siempre el esférico a la vez. En el Deportivo, el más entonado en esos compases era Turu Flores, que firmó dos disparos lejanos y envió un centro peligrosísimo para Diego Tristán. Djalma, con las líneas muy retrasadas, se situaba casi como un medio centro más, lejos de posiciones más peligrosas. Los italianos parecían cómodos en su repliegue. Además, buscaban peligrosas diagonales de José Mari y el ucraniano Shevchenko, que hacían daño. Los italianos sacaron petróleo de un córner precedido de un fuera de juego. El equipo se quedó mirando y Helveg, con un buen remate, envió al Dépor al vestuario con la losa de un gol en contra. Se la jugó Irureta con dos delanteros (Makaay y Tristán) después de que Boban y Shevchenko estuviesen en un tris de poner el punto y final antes de tiempo. Pero el oficio de los milanistas maniataba al Dépor en el centro y alejaba a la artillería blanquiazul de zonas calientes. Esta vez, la veteranía de Donato y Mauro -excelentes- no fueron suficientes ante un equipo ordenado hasta la perfección. Los coruñeses se fueron desesperando con el paso de los minutos y los errores se encadenaban. El traspiés de anoche devuelve al Dépor a la realidad. Los coruñes tendrán que luchar y sudar tinta para conquistar los cuartos de final de la Champions. Nada está perdido. En absoluto. Pero la clasificación pasa por no ceder ni un punto más en Riazor.