FÚTBOL / COMPOSTELA La situación empieza a preocupar incluso a los aficionados más optimistas, que cada vez son menos. El equipo de Carlos Ballesta, con su clásico 4-2-3-1 de San Lázaro, compareció sin mucha mordiente y con escasa convicción, aunque en los primeros minutos intentó llegar al área defendida por un inspirado Valbuena. Los nervios empezaron a dejarse ver desde el pitido inicial.
03 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.Sion, en una de sus escasas intervenciones, cabeceó fuera antes de la lesión de Díaz. Replicó el Albacete con dos fuertes lanzamientos a balón parado de Juli y Edu García, que detuvo Rafa. Sin embargo, fue el cuadro manchego quien pudo adelantarse en los inicios del choque, pero el trencilla cortó una manifiesta ocasión de gol al señalar un inexistente fuera de juego del pichichi Javi Guerrero. El reloj empezó a correr muy deprisa y los compostelanistas, al igual que su hinchada, empezaron a desesperarse. El centro del campo no existió y en defensa el esférico quemaba demasiado, por lo que los blanquiazules rifaron más balones de la cuenta. El Albacete jugó su partido, sin prisas, ralentizando el juego y procurando no cometer errores de bulto. Julián Rubio presentó un planteamiento serio, disciplinado y sin fisuras, con una cobertura impecable, liderada por su capitán Juanlu, un futbolista más de Primera que de Segunda. Ni Compostela ni Albacete llegaron con claridad en el primer período. Abusaron en exceso del mediocuentismo, una táctica (por llamarle de algún modo) con clara desventaja para el equipo que en teoría está más obligado a ganar. En este caso era el Compos el más agobiado por unos puntos que necesita tanto como el aire que se respira. Compos y Alba sólo buscaron el gol en la estrategia. Biscay fue quien mejor practicó el golpeo del balón, pero se encontró con un Valbuena pletórico, con grandes reflejos y mucha intuición. La segunda parte arrancó con un Compostela más despistado y con un Albacete más ofensivo. El conjunto manchego resolvió en tan sólo cuatro minutos. Primero fue Edu García, quien transformó un claro penalti de Pignol sobre Jose. Después, incrementó la ventaja el propio Jose, que envió un misil ante el que nada pudo hacer Rafa. Fue un gol de mala suerte para el Compos, pues Chema desvió el zapatazo del centrocampista manchego y despistó a Rafa. Faltaba más de media hora, pero el encuentro ya se le había puesto muy cuesta arriba al Compostela. Ballesta reaccionó de inmediato. Entraron Gudelj y Juanito, que reaparecía tras su lesión (Mauricio se quedó con las ganas de estrenar la zamarra blanquiazul esta temporada). Entonces, el Compostela enseñó los dientes (postizos, según nuestro articulista Alvite) y sus poco afiladas uñas. Pero lo hizo cuando ya poco o nada había por resolver, cuando ya el encuentro estaba casi sentenciado. Los santiagueses se acordaron tarde. Sin minutos para el milagro. El Apóstol Santiago cada vez se aleja más de San Lázaro. El Compos empezó a jugar por las bandas. Juanito sí sabe hacerlo. Con Gudelj, el equipo encontró una referencia ofensiva, que nunca tuvo con el desafortunado Sion. El once de Ballesta llegó con cierto peligro y con más criterio. Las ocasiones se sucedieron y el Compos apretó el acelarador. Obligó a los manchegos a replegarse. Valbuena se lució y de poco sirvió la inspiración de Gudelj y Juanito. Incluso Adriano se sumó al ataque. Al Compos le faltaron ideas, pero cuando tuvo alguna tampoco le acompañó la suerte. Jubera casi rompió el travesaño de Valbuena con un disparo que hizo temblar los cimientos de San Lázaro. Sin embargo, en la recta final casi llegó la goleada. Guerrero erró un penalti y envió fuera un balón con Rafa ya batido. Al final, nueva decepción, enfado y muchas críticas. La hinchada le llamó mercenarios a los futbolistas, abucheó una vez más a Sion, pidió la dimisión de Caneda, culpó a Ballesta y reclamó la vuelta de Juan Cabrejo. Patético. Una historia para no dormir. Un auténtico culebrón.