El Dépor pasa la apisonadora

La Voz

DEPORTES

ENVIADO ESPECIAL, CÉSAR QUIÁN

DEPORTIVO ¡Magia! Una vez más, el rey del tacón bailó claqué sobre la tumba del enemigo. Con su primer toque sutil convirtió una obra maestra en un regaló para Makaay, el mano a mano con Mora que supuso el 0-2. El holandés es letal en su especialidad, el regate al portero. Con el segundo destello de maestría, un taconazo tan elegante como afilado, Djalma elaboró otra perla para el ariete que no vio red porque, generoso, quiso premiar a Scaloni con un gol que no llegaría.

02 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.

ALFONSO ANDRADE BARCELONA. Enviado especial Poco importa que el partido fuese un muermo en la primera parte, porque este proyecto llamado Deportivo empieza a ser muy serio. La victoria en Montjuic coloca a los coruñeses por encima de la tan jaleada media inglesa, suficiente para salirse de la clasificación a final de temporada. Por ahora, ya es líder en solitario y cada día deja un cadáver tras su estela. El último, el Valencia. Los demás equipos se cuelgan como pueden de sus pantalones. La apisonadora de la regularidad gana los partidos en la segunda parte, después de jugar a cansar al rival en la primera. Como en la canción, el «cierra la muralla» supone una tarea infernal de desgaste para el enemigo, en este caso, un inoperativo Espanyol. En esa fase del encuentro, las ocasiones no existen, Makaay toca su primer balón a los 17 minutos, el público se duerme y el tropel de periodistas japoneses que pululan alrededor de Nishizawa juegan a los marcianitos en el ordenador. ¡Qué más da! Cuarenta y cinco minutos de magia compensan el tedio. La segunda parte es tiempo de cosecha. Fernando entona el «abre la muralla» con un soberbio testarazo. ¡De qué manera marca los tiempos en el remate para inutilizar la estirada de Mora! El gol abre camino al prestidigitador blanquiazul. Hasta entonces, Djalminha tenía doble envergadura. La mitad de su cuerpo se llamaba Morales, un gran pegamento. Lo secó 45 minutos. En los restantes, el brasileño lo cosió a regates. Samba y a bailar. ¡Dulce venganza! «¿Y este hombre jugó en Japón?» preguntó una periodista de ojos oblicuos, que había encontrado al fin algo más interesante que el buscaminas del PC. Nishizawa interesaba poco. El Dépor tenía ayer siete caras nuevas respecto al once que venció al Celta. El bloque ni se inmuta por las bajas y el engranaje empieza a ser tan preciso como la maquinaria de un reloj suizo.