COPA INTERCONTINENTAL El Madrid saltó al campo cuando ya perdía por dos a cero. Ante la incomprensión de sus seguidores y la del propio banquillo, los jugadores regalaron el partido en dos minutos con errores de concentración, de disciplina y de sentido común. Bianchi interpretó la salida de manera perfecta. En seis minutos los argentinos ya vencían por dos goles a cero. El segundo gol dejaba todo demasiado claro y también demasiado pronto.
28 nov 2000 . Actualizado a las 06:00 h.El Madrid inició la reacción con mucho lastre en las alforjas. Los blancos cometían absurdos errores, impensables en una final mundial. A los once minutos Roberto Carlos recogió un centro de los argentinos a centro de Figo para soltar la derecha y clavar el balón en la escuadra. La diferencia de calidad entre las dos formaciones resultaba muy favorable a los españoles pero los argentinos habían atinado y los madrileños no. Del Bosque no conseguía imponer el ritmo al partido ni gozaba de un referente en el centro del campo a modo de guía de los blancos. Tras el descanso no hubo cambios. Boca había sacado de inicio a Traverso y a Basualdo, dos sorpresas. Los argentinos le dieron el partido a Serna y libertad a Riquelme. El hombre que heredó el número de Maradona fue un peligro. Cuanto más se embarullaba el partido, más a gusto se sentía el equipo argentino, que ralentizaba el juego al máximo. Y Riquelme sacaba su repertorio de recursos, especialmente en la pérdida de tiempo. Pero mientras los xeneizes sabían a lo que tenían que jugar, el Real Madrid lo ignoraba. Del Bosque se la jugó a los treinta minutos al poner a Morientes. Se trataba de buscar un milagro pero lo hizo tarde. Los merengues se empeñaron hasta el final en bombear balones y Boca en perder tiempo. Magistral en su oficio de equipo sudamericano. Riquelme la cogía, la guardaba, la escondía. Lo hizo con la pelota y con la Copa. Un campeón gris pero más eficiente que el Madrid.