España se asoma al medallero

J. M. F. A CORUÑA

DEPORTES

J. J. GUILLÉN / E. MORENATTI

Isabel Fernández, oro en judo, y Nina Jivanevskaia, bronce en natación Y al tercer día de competición, España se asomó al medallero. Ya no es necesario recurrir al brillante diploma olímpico del triatlela gallego Iván Raña. Justo cuando empezaba a cundir el desánimo por el discreto estreno del deporte español en Sydney, dos mujeres, Isabel Fernández y Nina Jivaneskaia, ofrecieron las primeras alegrías al colgarse la medalla de oro en judo (categoría de 57 kilogramos) y la de bronce en la final de los 200 metros espalda, respectivamente.

18 sep 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

Era lo previsible o, al menos, ambas estaban en todas las quinielas de candidatos al podio, un lugar del que la alicantina Isabel Fernández es una asidua. Doble campeona de Europa (1997 y 1998) y del mundo (1997) y bronce en Atlanta 96, la yudoca española tenía en su mente desde hace años la fecha de ayer; sabía que que se volvería a encontrar con la cubana Driulys González, su verdugo en Atlanta y en el último mundial. Y así fue. La alicantina, una deportista sin complejos, competitiva y descarada, no decepcionó. Aceptó el reto sin rechistar _«si me cuelo en la semifinal, me cuelgo el oro», aseguró_. Y cumplió. Al fin y al cabo, Isabel Fernández representa lo mejor del nuevo estilo del deporte español, nacido del impulso de Barcelona 92 y fruto más del trabajo meticuloso que de tradicional improvisación. Un par de horas antes de que Isabel Fernández derrotara a Driulys González, otra española, Nina Jivanevskaia, se subía al tercer peldaño del podio del imponente Centro Acuático Internacional de Sydney. El mejor presagio para un gran día. No era su prueba favorita e incluso se había lamentado de que, pese a su buen estado de forma, el agua no le transmitía buenas sensaciones: «Tiene mucho oxígeno y poco cloro». El bronce de Nina Jivaneskaia, una española nacida en la ciudad rusa de Samara hace 23 años, supone además un auténtico hito para el deporte femenino español, ya que es la primera vez que España coloca a una nadadora en el podio olímpico, aunque sea una española sui géneris _«por amor», le gusta decir_. Su primera dedicatoria fue para su marido _el malagueño Francisco Molina_ y para los que considera sus «compatriotas». En España, tras un pequeño paréntesis en su trayectoria deportiva, Nina ha recuperado el gusto por la natación. Paradojas del deporte del fin de siglo: una española nacida en Rusia, propietaria de otro bronce bajo la bandera de la CEI (Comunidad de Estados Independientes) consigue la primera medalla olímpica de la natación femenina española. Pero, además de las dos primeras medallas del deporte español en Sydney, la jornada tuvo al menos un par de alegrías. El joven ciclista madrileño José Antonio Villanueva ya se ha asegurado el diploma olímpico, al alcanzar los cuartos de final en la prueba de persecución individual. Su único, y complicado, obstáculo para subirse al podio se llama Florian Rousseau, actual campeón del mundo. La selección española de balonmano, una de las grandes favoritas para conseguir la medalla de oro, cumplió el trámite ante la débil Australia (39-23); mientras que para los dos únicos gallegos con protagonismo ayer en Sydney hubo cara y cruz: lo mejor, que Zunzunegui tiene mañana la oportunidad de meterse en la semifinal de doble scull; lo peor, la gris actuación del regatista vigués Jorge Maciel en la clase mistral.