La aborigen Freeman encendió el pebetero tras una ceremonia espectacular Los Juegos echaron a andar en una ceremonia concebida como exaltación de la diversidad cultural australiana y que vivió su momento más intenso cuando la atleta Cathy Freeman, orgullo de la comunidad aborigen, encendió el pebetero. El césped del Estadio Olímpico de Sydney, el mayor utilizado nunca, fue una réplica del desierto australiano sobre el que actuaron 12.600 personas y desfilaron 11.600 deportistas y oficiales ante 110.000 espectadores.
15 sep 2000 . Actualizado a las 07:00 h.La ceremonia inaugural ha sido un alarde de perfección técnica y de originalidad artística, con un intachable sonido en directo y espectaculares efectos especiales muy bien acogidos por el público. La entrada en el estadio de 120 caballos marcó el comienzo de la fiesta. El presidente del COI, Juan Antonio Samaranch, el gobernador general de Australia, sir William Patrick Deane, el presidente del Comité Organizador, Michael Knight, y la ex nadadora Dawn Fraser encabezaron el grupo de autoridades. Daene fue el encargado de declarar inaugurados los Juegos en nombre de la Reina de Inglaterra, jefa de Estado de la Commonwealth, después de que Samaranch felicitase a Sydney por su «excelente organización» y de que Michael Knight asegurase que «en el corazón de los australianos hay sitio para apoyar a los atletas de todo el mundo». El proceso de reconciliación emprendido en los últimos años por las dos comunidades australianas, los indígenas y los colonos, fue el hilo conductor de la ceremonia, que reflejó con fidelidad la diversidad de costumbres de un país formado a golpes de inmigración. Casi dos horas duró el desfile de atletas, abierto, como es tradicional, por Grecia, y cerrado por el numerosísimo equipo local. Los organizadores de la ceremonia copiaron de la inauguración de Barcelona''92 el despliegue de una inmensa bandera olímpica sobre los deportistas situados en el anillo central. Con los protagonistas de los Juegos ya dispuestos para el protocolo, se procedió al izado de la bandera olímpica, al juramento de los atletas y de los árbitros -a cargo de Rechelle Hawkes y Peter Kerr, respectivamente- y, por fin, al encendido de la llama, que superó en espectacularidad todos lo visto hasta entonces. Cathy Freeman, campeona del mundo de 400 metros y combativa defensora de los derechos de los aborígenes, se sumergió con la antorcha en una cascada de agua de la que surgió, prendido en fuego, un platillo metálico que ascendió mecánicamente hasta la grada más alta del estadio. Allí, transformado en una antorcha gigante, iluminará los Juegos de Sydney hasta el día 1 de octubre.