España dilapida su prestigio

K. DOBRZANSKI. Colpisa HANNOVER

DEPORTES

KAI PFAFFENBACH / REUTERS

Los de Camacho encajan cuatro goles en el centenario del equipo alemán La España de José Antonio Camacho emborronó la primera página de un nuevo capítulo con un bochornoso partido en Alemania y una dolorosa derrota (4-1) que debe servir para la reflexión por más que nos encontremos en plena pretemporada.

16 ago 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

Es lógico que los españoles no tengan chispa en agosto, que acusen falta de rodaje, pero es preocupante que no presenten una idea clara de lo que deban hacer sobre el campo, ataquen mal, organicen fatal en el centro y defiendan de manera pésima. Alemania, herida en su orgullo tras el fracaso en la Eurocopa, encontró en una de las peores selecciones españolas de los últimos tiempos la mejor medicina para solventar su profunda depresión. Buen inicio para el interino en el técnico Rudi Voeller, que empezó con rictus de preocupación y se levantó sonriente. Como ocurrió en la Eurocopa, cada ataque del equipo rival es medio gol, ya sea por arriba, por abajo, por la banda o por el centro. Da igual que Molina, Cañizares o César, que encajó cuatro dianas en su debú y apenas pudo hacer parada alguna, sea el guardameta, o que se cambie de laterales. Quizá falla el sistema, no los hombres. En realidad, la cacareada revolución no fue tal, ya que en el equipo titular español aparecieron ocho hombres presentes en la Eurocopa, entre ellos la espina dorsal que integran Abelardo, Guardiola y Raúl. César fue el único debutante de inicio y, además de la portería, las principales variaciones aparecían en los laterales _los célticos Velasco y Juanfran_, en la mediapunta, donde Gerard estrenó titularidad en la selección, y en la aparición de Dani como acompañante de Raúl. Posteriormente se incorporaron los deportivistas Manuel Pablo y Víctor, que no desentonaron del mediocre juego de su equipo. Al margen del resultado, la selección de Camacho causó una paupérrima impresión. Jugó sin identidad, deslabazada, sin una idea preconcebida, sin saber a ciencia cierta si defender o atacar, si llevar la iniciativa o replegarse y contragolpear. Voeller mantuvo el bloque de la Eurocopa, el grupo de futbolistas más torpes en la historia de este deporte en Alemania, según reflejan los periódicos teutones. Entre los supuestos tuercebotas sobresalieron Mehmet Scholl y el delantero Zickler. El del Bayern Múnich aprovechó el monumental error de Iván Campo que sentenció el partido. El golazo de Raúl, con vaselina desde fuera del área y por la derecha, apenas maquilló el resultado y no fue ni celebrado por el madrileño.