Marcó cuatro de los seis goles que clasifican a Holanda para semifinales El barcelonista se sitúa a la cabeza de los realizadores del campeonato Era el minuto 58 de partido y la bañera naranja de Rotterdam estalló. Patrick Kluivert era sustituido y la muchedumbre quiso premiar a su ídolo como se merecía. No era para menos. El delantero centro de Holanda había hecho historia.
25 jun 2000 . Actualizado a las 07:00 h.En casi una hora de perfección, había marcado cuatro goles y había dejado el delirio instalado en las gradas y a su selección en las semifinalesde la Eurocopa. A eso se le llama hacer un buen trabajo. Fue el gran día de Kluivert, un jugador fastuoso que metió todo lo que tocó, y fue también la jornada negra de Yugoslavia, que ofreció su peor versión, la de una cuadrilla destartalada, inconexa y ausente. Un puro desperdicio de talento, vamos. Holanda, cada día más puesta, se los merendó con una facilidad abrumadora y volvió a demostrar que, más allá de las críticas de Cruyff y de algunas deshilaturas en anteriores partidos, es una selección con clase, dinamismo y poder de ejecución como para ganar el torneo europeo. El 6-1 lo dice todo del festival que se dieron los oranje, apoyados por un ambiente formidable. En cuanto le dieron un metro libre, allí mandó Bergkamp un toquecito de algodón. Kluivert corrió, alargó la pierna y amansó la pelota lo suficiente para fusilar a Kralj. Era el minuto 23. El descosido de la zaga yugoslava, tanto por el medio como por la derecha era evidente para cualquiera. Holanda llegaba como quería y dispuso de varias ocasiones. Incluso Numan, el lateral izquierdo, se dio el lujo de entrar hasta la cocina y poner en apuros a Kralj. Vujadin Boskov, sin embargo, no reaccionó. Descompuesto atrás y con la banda izquierda sellada _¿dónde estaba Stankovic?_, la incapacidad del técnico yugoslavo para arreglar los desperfectos de su equipo con una maniobra de urgencia resultó desoladora. Lo suyo fue como asistir de brazos cruzados al sacrificio de su selección. A nadie en Rotterdam le pudo extrañar el segundo gol de los holandeses, que llegó como el primero. Esta vez fue Davids quien la tocó por encima de los centrales para que Kluivert la empalmara dentro. Y más de lo mismo en la segunda mitad. Cuesta bajo, Holanda disfrutaba tocando ante una Yugoslavia resignada a su triste papel de patética comparsa. ¿Dónde estaba el genio de los balcánicos? Kluivert se ensañó con dos goles más hasta que fue sustituido como un señor. Overmars ocupó su lugar e hizo con dos grandes disparos, la media docena. Savo Milosevic, al final, marcó su habitual golito.