El Espanyol festeja su centenario con la conquista de la Copa

IGNACIO TYLKO VALENCIA

DEPORTES

Un error infantil de Toni abrió el camino de la victoria al equipo catalán El Espanyol ganó su tercera Copa del Rey en Mestalla, hizo historia 60 años después y curó con Paco Flores las viejas heridas que se abrieron en 1988, cuando los blanquiazules perdieron la final de la UEFA en Leverkusen. Después llegarían dos descensos, y la venta de Sarriá, pero todo quedó en recuerdo con este sonado éxito que mete a los pericos en la Copa de la UEFA y hunde al Atlético.

27 may 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

El Espanyol sacó máximo rendimiento a un regalo inicial del portero Toni y, a base de presión, concentración y de cuidar al máximo todos los detalles, aprovechó su momento para sentenciar, con un golazo de Sergio, cerca del final. El postrero gol de Hasselbaink, sólo sirvió para dar emoción al suspiro final. Fue más equipo el de Montjuic que un Atlético que se dejó el alma, cayó en los errores que le han llevado a la Segunda División. Flores, un hombre ganador que ha salvado al Espanyol de dos descensos y ahora le ha coronado campeónn de España, merece un monumento en Montjuic. Con un discurso directo y ganador, ha transformado la filosofía de un club más acostumbrado a las penurias que a la gloria. El arranque, soñado para el Espanyol y la enésima pesadilla para el Atlético y su portero Toni, marcó el desarrollo de la final. Los protagonistas disputaban los minutos de tanteo y Toni cometió una torpeza enorme. Botó el balón y el pillo Tamudo le robó la cartera con la cabeza, después le dribló y más tarde marcó a puerta vacía. Gracias a ese gol, el Espanyol pudo hacer lo que más le gusta, echarse atrás, presionar, robar e intentar el contragolpe cuando sus jugadores lo veían muy claro. De repente, al Atlético se le aparecieron todos los fantasmas, las dudas, las imprecisiones y los nervios de un año nefasto. Sólo se mantuvo en pie por el conformismo de su rival. Con tres atrás y sólo dos jugadores de banda _el incansable Aguilera y el desacertado Capdevila_, el Atlético se mostró incapaz de soprender a los pericos. Sergio y Galca hicieron un trabajo extraordinario en el centro y Hugo Leal, Valerón y Baraja, pedían el balón siempre al pie, lo que falicitaba el trabajo de sus defensores, y jamás se abrían a bada. Kiko, entre líneas, parecía el único capaz de quebrar la oposición catalana, pero el jerezano no es ni su sombra. Es un líder, pero sus lesiones le dejan por ahora muy mermado en chispa y velocidad. El Espanyol supo marcar el ritmo, dormir el partido y llegar al descanso en ventaja. El Atlético, negado, incapaz, sólo generó dos ocasiones, una mal definida por Baraja y otra en la que Cavallero se lució a disparo de Valerón. En los primeros compases de la reanudación, Fernando Zambrano no tuvo más remedio que arriesgar, retirar a Gamarra y dar entrada a Luque, un futbolista con descaro y proyección que equilibró la banda zurda. El Espanyol, a lo suyo, a no perder la concentración y esperar los despistes del Atlético en sus ataques desesperados, casi suicidas. Con una disposición táctica más razonable, los colchoneros pudieron empatar en un golpe franco de Hasselbaink, en un cabezazo de Santi y en una internada forzada de Hasselbaink. Sin buen juego, pero con orgullo y verguenza torera, los madrileños intentaron asediar a los catalanes, pero se mostraron impotentes. A base de orden, trabajo, disciplina y carácter, el Espanyol aprovechó esta ocasión histórica, y sólo se descompuso un tanto con la expulsión de Nando y el gol de Hasselbaink.