El canadiense, apuesta fresca y novedosa, debuta en la icónica cita vienesa
31 dic 2025 . Actualizado a las 05:00 h.La Filarmónica de Viena abrirá el año 2026 desde la Sala Dorada del Musikverein vienés con su tradicional concierto de Año Nuevo, que celebra su edición número 86. Se trata de una de las citas más mediáticas, seguidas y esperadas del panorama de la música clásica. Se ofrece en tres sesiones (además del día 1, se interpretó ayer y hoy, como ensayo general con público y como Concierto de San Silvestre, respectivamente) y se retransmite el 1 de enero en directo a más de 200 países (en España podrá seguirse por RNE y TVE desde las 11.15 horas con comentarios de Martín Llade).
Quienes superan el sorteo de adjudicación de entradas pagan cifras astronómicas por una localidad para presenciar in situ un concierto que perpetúa año tras año tradiciones que son su seña de identidad. No faltará el oropel, tanto encima del escenario (con los clásicos arreglos florales) como en la platea (donde la etiqueta es norma), ni el ballet de la Ópera Estatal de Viena (danzando algunos de los números en enclaves palaciegos de postal) o el conocido final (con la felicitación de los músicos interrumpiendo el Danubio azul y la Marcha Radetzky con palmas al compás).
En programa, quince piezas (propinas aparte) centradas en ritmos de danza y con la familia Strauss como eje central (además de obras de Johann Strauss, padre e hijo, sonará música de Eduard y Josef Strauss). El repertorio se completa con páginas de Carl Michael Ziehrer, Joseph Lanner, Franz von Suppè o Hans Christian Lumbye. También habrá música de mujeres: la polca-mazurca Canto de sirenas, de la austríaca Josephine Weinlich (que en el XIX dirigió la primera orquesta femenina de Europa), y el Vals del arcoíris, de la afroamericana Florence Price, una de las compositoras más interesantes de su tiempo por el notable calado de su obra sinfónica. Serán dos de las cinco piezas que se sonarán por primera vez en este concierto; dado que ambas fueron escritas para piano, escucharemos orquestaciones de Wolfgang Dönner.
La apuesta más arriesgada está en la batuta. El canadiense Yannick Nézet-Séguin (Montreal, 1975) dirige por primera vez la cita vienesa. Batuta ascendente y pujante, es titular de la Orquesta de Filadelfia desde el 2012 y del Metropolitan de Nueva York desde el 2018. Manejándose con igual habilidad en repertorio lírico y sinfónico, cuenta con una nada despreciable discografía, prestando especial atención a la figura de Florence Price.
Más allá de su ecléctico repertorio, en Nézet-Séguin, de perfil comunicativo (lo demuestra en sus activas e instructivas redes sociales) y estética elegante y casual por igual (la moda es una de sus pasiones, no en vano es embajador Rolex), destaca la voluntad de hacer de la música clásica algo accesible, al alcance de todos. Aunque su relación con los filarmónicos vieneses se remonta a quince años atrás, puede que a priori su elección no case del todo con la imagen encorsetada de este concierto. Confiar en él (con temperamento cálido e indudable, pero en las antípodas del legendario Riccardo Muti, encargado de la espléndida edición del 2025) es una bocanada de aire fresco y un paso adelante para oxigenar una cita que lo necesita. Veremos hasta qué punto logra imprimir su sello a un evento que parece anclarse año tras año en la tradición. Su perfil es un buen punto de arranque para la pertinente renovación.
Habrá que esperar al final para saber quién dirigirá en el 2027. ¿Será el turno de que una mujer tome por fin las riendas? Parece improbable (aunque nombres como Simone Young estén sobradamente preparados), pero es la gran asignatura pendiente del concierto. Mientras tanto, preparen sus palmas y que suene el vals.