Anthony Hopkins revela su lado más oscuro en sus memorias oficiales: «Llevo al diablo en mi interior»

Adrián García Seoane REDACCIÓN / LA VOZ

CULTURA

Anthony Hopkins en un fotograma de «El padre», película con la que ganó su segundo Oscar.
Anthony Hopkins en un fotograma de «El padre», película con la que ganó su segundo Oscar. Sony Pictures Classics

El actor publica «Lo hicimos bien, chico», una autobiografía en las que desgrana con detalle sus 88 años de vida sin rehuir algunos de sus episodios más polémicos

31 dic 2025 . Actualizado a las 09:07 h.

Anthony Hopkins (Port Talbot, Gales, 1937) tenía solo 11 años cuando supo que quería ser actor. La revelación se produjo un sábado por la tarde en el salón de actos del internado al que lo habían enviado sus padres debido a su bajo rendimiento académico. Ese día, el director de la institución había decidido proyectar Hamlet, la adaptación cinematográfica del clásico de Shakespeare que dirigía y protagonizaba sir Laurence Olivier. La conjunción de imágenes, música y diálogos impactó tan profundamente al joven Anthony que sintió dentro de sí una emoción que nunca había experimentado. «Me quedé hasta la última línea del soliloquio», cuenta el ganador de dos premios Oscar al mejor actor en sus memorias oficiales, Lo hicimos bien, chico, que acaba de publicar Libros Cúpula.

Es esta una autobiografía en la que Hopkins desgrana con detalle sus 88 años de vida —cumplidos este mismo 31 de diciembre— sin rehuir algunos de sus capítulos más polémicos: desde las heridas emocionales de la infancia hasta sus problemas con el alcohol, y desde el éxito que obtuvo con El silencio de los corderos hasta su búsqueda de una voz propia a través de la introspección. Así, el libro no solo ahonda en la faceta más conocida del actor, esa que se manifiesta en la gran pantalla y las alfombras rojas, sino que también se sumerge en el Hopkins más íntimo, aquel solo reservado para los más allegados.

Con una honestidad brutal y una sensibilidad inesperada en alguien que encarnó a Hannibal Lecter —posiblemente el mejor papel de la carrera de Hopkins—, estas memorias narran la trayectoria vital de un actor extraordinario, pero también el viaje de un hombre que ha aprendido a mirar su propia oscuridad con claridad. «Llevo al diablo en mi interior. Todos tenemos al diablo dentro. Sé que eso asusta a la gente», confiesa el intérprete en un pasaje del libro en el que explica cómo preparó el personaje del psiquiatra caníbal que le valió su primer Oscar y lo catapultó a la fama mundial.

Pero Lo hicimos bien, chico también está lleno de episodios reveladores acerca del carácter complejo y sensible de Hopkins, algo que aparece especialmente reflejado en los capítulos dedicados a su infancia y adolescencia en Gales. «Tocaba el piano, dibujaba y vivía solo en mi propio mundo, silencioso salvo por el sonido de la música clásica», recuerda en las primeras páginas de su biografía. Un aislamiento que, ya de niño, le llevó a preguntarse: «¿Qué sentido tiene la cercanía con otras personas? Al final, invariablemente, te destrozan».

La relación con sus progenitores también fue complicada. Sobre todo con su padre. De él, cuenta, no solo heredó su carácter huraño y su propensión al alcoholismo —adicción que el actor finalmente consiguió superar en 1975— , sino también su gusto por memorizar y recitar poemas: Shakespeare, Yeats y Omar Jayam eran los favoritos de su padre. A él, a Richard Arthur Hopkins, le dedicó estas emotivas palabras cuando recogió el Oscar en 1992: «Mi padre murió esta misma noche hace 11 años, de modo que tal vez tuvo algo que ver con esto, no lo sé», dijo en su discurso de agradecimiento.

Después de ese primer gran éxito por El silencio de los corderos vinieron más, y Anthony Hopkins participó en películas como Drácula de Bram Stoker, Lo que queda del día o Tierras de penumbra. Las nominaciones al Oscar también siguieron sucediéndose: en 1993 por Lo que queda del día, en 1995 por Nixon, en 1997 por Amistad y en el 2020 por Los dos papas. El segundo Oscar le llegó al año siguiente, en el 2021, por El padre. Tenía en aquel momento 83 años y, con esa victoria, se convirtió en la persona de más edad en ganar un Oscar de interpretación.