Juan Pablo Zaramella, director de cine de animación: «Si pudiera hacer cortos el resto de mi vida sería feliz»
CULTURA
El realizador argentino ofrece una charla este jueves en A Coruña en la cuarta edición del Festival Animacción, donde repasará una extensa trayectoria en la que destaca el récord Guinness al cortometraje más premiado de la historia
29 oct 2025 . Actualizado a las 18:14 h.El argentino Juan Pablo Zaramella (Buenos Aires, 1972) es un director de cine de animación especializado en stop motion que puede presumir de tener un récord Guinness al corto más premiado de la historia, con más de 300 reconocimientos, y que además fue preseleccionado en el shortlist de los Óscar al mejor corto animado. De este punto de inflexión en su carrera y de su pasión por el cine y la animación hablará en la tarde de este jueves —a las 16.30 horas— en la Real Academia de Belas Artes de A Coruña en el marco de la cuarta edición del festival Animacción.
La vena audiovisual no le viene de familia, ya que sus familiares y allegados son de ciencias puras: su madre, por ejemplo, profesora de matemáticas, y su padre, ingeniero químico. Él dio la sorpresa porque ya desde pequeño le gustaba dibujar y hacer cosas creativas, motivo por el que lo inscribieron en diversos cursos hasta que a los 13 años empezó a formarse con un dibujante popular en Argentina. «Encontré mi rumbo por el lado del humor pero sin saber que me dedicaría a la animación», afirma.
Su cortometraje Luminaris, el más premiado de la historia, explica, «fue el resultado de una exploración en torno a una música de tango tradicional argentino a la que quería construir una historia, por lo que aplicó stop motion sobre personas reales. «Se me ocurrió una idea delirante y complejísima utilizando el movimiento natural de la luz del sol, acelerándolo foto por foto junto con el movimiento de los personajes. Nunca se había hecho antes de esa manera... Y ya pasaron 15 años desde que lo creé y no volví a ver nada igual», subraya.
Otro de sus interesantes trabajos lo conforman los 53 episodios, cada uno de un minuto de duración, que integran la serie El hombre más chiquito del mundo. Zaramella echa la vista atrás, desde los primeros cortos que hizo en su época de estudiante hasta que recibió en tres ocasiones el Cóndor de Plata, el equivalente argentino del Goya, además de otras numerosas distinciones en festivales a sus piezas, y se muestra satisfecho de la experiencia vivida. Unas vivencias que trasladará al público gallego, al que detallará los entresijos de sus procesos creativos, cómo se gesta una idea y se lleva a una película y el repaso de su filmografía analizando el camino desde la primera idea hasta el final.
«La gente siempre se engancha y hace muchas preguntas, es una conversación no solo para animadores profesionales sino para cualquier persona a la que le interese lo creativo, lo ejerza o no», detalla.
Desde el humor gráfico hasta el «stop motion»
Durante su infancia y adolescencia tenía la meta de ser humorista gráfico y llegó a publicar algo, pero fue en esta época cuando empezaron a interesarle el cine y las cámaras. Experimentó así con la de fotos que su padre tenía en casa. A raíz de esto, nació en él la inquietud de ser director de cine, hacer películas con actores y no animadas, pero cambió de parecer porque le gustaba dibujar y mezcló ambas pasiones: lenguaje cinematográfico con el de dibujo y la ilustración.
Sobre la técnica de stop motion, sostiene rotundo: «Es el último paso para llegar a quien soy hoy». Estudió animación y en la escuela donde se formó repasó todas las técnicas. Animaban desde dibujos tradicionales hasta granos de café o arena. «Cuando llegó el momento de hacer stop motion se me ocurrió moldear en plastilina y me di cuenta de que tenía habilidad para eso, que podía contar prácticamente cualquier historia porque tenía la mayor flexibilidad del mundo para modificar todo como quisiera», recuerda con orgullo.
Para Zaramella, el stop motion se convirtió en «una especie de cine en miniatura con fotografía e iluminación de los personajes que conforman una narrativa más parecida a la cinematográfica pero usando animación», subraya. A pesar de su evidente talento para el audiovisual, es humilde y asegura que se conforma con seguir haciendo lo que hace, de hecho es tajante al afirmar: «Si pudiera hacer cortos el resto de mi vida sería feliz».
En el futuro próximo estará centrado en un proyecto en el que lleva empleados cinco años de su vida y para el que busca más financiación. «Quiero continuarlo y sé que va a suceder», confirma, a la vez que incide en que no siente como fundamental el hacer un largometraje «como máximo objetivo vital». «Me gusta hacer lo que hago, sea en el formato que sea, siempre que me desafíe y me haga ir a un lugar nuevo. Adoro experimentar en todos los formatos y el corto me parece ideal», insiste para concluir Zaramella.