Nada más alejado de la hagiografía, el asombroso filme de Konchalovsky nos muestra a un artista poco santo y un Renacimiento rodeado de miseria. Los críticos de La Voz analizan además los trabajos «Outside Noise» y «Onoda, 10.000 noches en la jungla»
06 may 2022 . Actualizado a las 05:00 h.Nada más alejado de la hagiografía que Miguel Ángel (El pecado), asombrosa película de estreno largamente pospuesto que nos muestra a un artista poco santo y un Renacimiento rodeado de miseria. «Hay que darse prisa, pronto llegará el Renacimiento y nos pondremos todos a pintar», decía el bufón interpretado por Woody Allen en el sketch medieval de Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo y nunca se atrevió a preguntar. Ocurrente frase sobre ese tópico humanista que muchos teóricos nos han desmontado —Peter Burke— y que a Andrei Konchalovsky le interesaba también degradar, cuestionando el dogma de la idealizada floración artística. Para ello, el director ruso juega con los mismos materiales de la soberbia El tormento y el éxtasis que canonizó a Michelangelo con el rostro del marmóreo Charlton Heston opuesto al Julio II de Rex Harrison. Es la lucha entre el artista y el poder, la creación frente a una forma de destrucción. «¡Toda esta belleza para tiranos y asesinos!».
Konchalovsky, cineasta que se adapta bien al país donde rueda —El tren del infierno, Los amantes de María—, quiere ser poverello, retomar la herencia neorrealista y el estilo de Rossellini, Pasolini, Olmi o los Taviani. Su Miguel Ángel es un artista visionario y paranoico que sufre con dolor los vaivenes de la política. Las familias Médici y Della Rovere se dan patadas en su culo, en su talento, y él, fuerte para el arte, cae una y otra vez, débil, melancólico, víctima de su juego a doble banda.
La desidealización lo alcanza todo; del actor desgreñado de nariz rota Alberto Testone a las lluvias de orines y heces que aterrizan en la calle desde las ventanas. Pero en esa miseria hay decenas de momentos de honda poesía paupérrima, como la titánica y a la vez absurda lucha contra el enorme bloque de mármol de Carrara —le llaman el monstruo—, un Moby Dick blanco como el azúcar que hay que transportar al modo imposible del barco de Fitzcarraldo.
«IL PECCATO»
Italia-Rusia, 2019.
Director: Andrei Konchalovsky.
Intérpretes: Alberto Testone, Jakob Diehl, Francesco Gaudiello, Orso Maria Guerrini, Federico Vanni.
Drama. 134 minutos.
«Outside Noise», hacia un futuro incierto
por Sabela Pillado
Tercer largo de Ted Fendt (autor y traductor de textos de cine, y director estadounidense afincado en Alemania), Outside Noise supone un continuum de su estilo e intenciones. Filme austero formal y argumentalmente, y con rodaje prepandémico (2019), sigue a tres amigas que viajan e intercambian visitas entre Berlín y Viena.
En un ejercicio a lo Richard Linklater y en la estela (lejana) de cineastas como Eric Rohmer, la cinta se construye en base a la colaboración del director con sus actrices (amigas, artistas, directoras y productoras), sin un guion cerrado e improvisando con naturalidad sobre temas pactados, buscando siempre esa apariencia de registro de la realidad sin interferencias externas (en la medida en que sea posible en una ficción protagonizada por actrices). Sin alcanzar a los maestros (los diálogos distan de la fluidez y el grado de interés y enganche que generan las obras de Linklater), Fendt logra sin embargo un retrato de personas y lugares en un momento muy concreto de sus vidas. Entre conversaciones cotidianas sobre tesis doctorales, trabajos temporales o posibles cambios de ciudad, se nos muestra a unas personas «en tránsito», que habitan ese espacio con fecha de caducidad que son los pisos de estudiantes, mientras vagan por un lugar vital marcado por la incertidumbre, y el no saber dónde se está ni qué se quiere. El insomnio y la ansiedad, vividos de un modo apático y despojados de todo impulso contestatario, son emociones que discurren discretas ante un futuro que se afronta con desidia. Sin ser un retrato generacional, refleja un sentir de muchos jóvenes posuniversitarios en el camino hacia un futuro incierto y su falta de herramientas para avanzar por él.
«OUTSIDE NOISE»
Alemania, 2021.
Director: Ted Fendt.
Intérpretes: Daniela Zahlner, Mia Sellmann, Natascha Manthe, Hani Alarai.
Drama. 61 minutos.
«Onoda», la jungla del soldado
por Miguel Anxo Fernández
Es una gran virtud de Onoda, 10.000 noches en la jungla. Mérito del director parisino Arthur Harari. Y es que pareciera que la cámara no existe. Es tan lúcida su mirada que, cuando al final la pantalla se oscurece, te crees haber convivido en la jungla filipina junto al teniente Hiro Onoda, en su loca peripecia a raíz de la Segunda Guerra Mundial. Llegó con 22 años para una misión secreta en la isla de Lubang y se negó a reconocer la derrota de Japón en 1945. Había recibido órdenes de un misterioso comandante y las mantuvo hasta que por fin se rindió en 1974, únicamente cuando su superior, entonces ya un civil, acudió a exonerarle del mandato. Onoda, fallecido en el 2014, disfrutó de su popularidad, pero su ejemplo mostró al mundo el alto precio a pagar por la obediencia debida y, a mayores, la sinrazón de la guerra y sus traumas. No estaba solo cuando tomó su decisión, pero fue el único que sobrevivió a varias décadas. Harari impregna su crónica —tomada de las memorias del teniente— de un halo inusual en el género bélico.
Destila aromas clásicos —de John Ford, por ejemplo— en la relación entre los soldados para los que el mundo se detuvo cuando unos campesinos les anuncian el fin de la guerra. Si el guion carece de fisuras, también sobresale el trabajo de arte —en particular, en aspectos como el progresivo deterioro del vestuario— que incluye unos exteriores de Camboya que hasta le confieren una textura casi documental. Cuando en los minutos finales Onoda (el actor japonés Kanji Tsuda) se aparece al estudiante que le encuentra, vemos a un espectro con su dignidad militar intacta pese a la estúpida actitud que le fue impuesta.
Filme insólito, sobrio, reluciendo un clasicismo inusual, y manejando hermosamente simbolismos con el agua, la luna y el paisaje. Al tiempo, sirve una sólida invitación a cuestionar valores que no son tales. Sobre todo, cuando campa Putin con su demencial campaña en Ucrania, movilizando a millares de onodas con el mismo cuento que le vendieron al protagonista de esta bella película.
«ONODA»
Francia, Japón, Alemania, 2021.
Director: Arthur Harari.
Intérpretes: Yuya Endo, Kanji Tsuda, Yûya Matsuura, Tetsuya Chiba.
Drama. 172 minutos.