«Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos», Freud en una de superhéroes

Miguel Anxo Fernández

CULTURA

Fotograma del filme «Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos», dirigido por Destin Cretton.
Fotograma del filme «Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos», dirigido por Destin Cretton.

Por el éxito de taquilla del filme del director y coguionista hawaiano Destin Cretton, pronto se volverá a ver en las pantallas al nuevo personaje de nuevo en la piel del actor canadiense de origen chino Simu Liu

15 sep 2021 . Actualizado a las 08:53 h.

El producto mainstream se concibe para el mercado global sobre dos requisitos básicos, fidelidad al concepto entertainment -identidad prioritaria del cine industrial de Hollywood- para lograr un buen puñado de billetes en la barra de la sala, y lavar «más blanco que Colón» (léase: no incordiar a ningún grupo de presión para garantizarse una clasificación G o PG, que viene a ser un apto para todos los públicos). Disney y su reciente adquisición Marvel Studios lo tienen muy claro, y en principio -pese al covid- la jugada les funciona con Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos, la peripecia de un personaje, chino y estadounidense al 50 %, un tipo entrenado para matar y dominador de varias técnicas de lucha y combate. Vive de incógnito hasta que regresa para enfrentarse a su propio padre, hechizado por el poder de los diez anillos y rumiando venganza por la muerte de su esposa. Eso, resumido en trazo grueso. Surgió de un cómic Marvel, vigente entre 1973 y 1983, y al que, por su éxito de taquilla, pronto volveremos a ver en la piel del actor canadiense de origen chino Simu Liu.

Para un crítico, resulta agotador entrar a otra de superhéroes, en la seguridad de que nos darán la matraca con algo ya visto tropecientas veces. Ya puedes ponerte canónico, y afrontar tu análisis sobre la base de forma y contenido -claves, por cierto, aunque muchos analistas las desprecian-, que poco o nada sacarás en limpio. Esta tenía toda la pinta de volver a recursos manidos del wuxia, con mucho efecto digital y el protagonista que, al final, se irá de rositas, que hay secuelas esperando…

Por ahí va este Shang-Chi, aunque el director y coguionista hawaiano Destin Cretton tampoco disimula que es obra menor, pero al mismo tiempo intenta que durante la proyección no adivinemos lo siguiente para evitarnos el bostezo. Y acierta. No habremos aprendido gran cosa, más allá de que Freud y sus circunstancias también dan juego en una de fulanos con grandes poderes, pero nos evitó mirar al reloj de reojo. Eso sí, mejor la primera parte que el resto.